Inteligencias ecológicas

Daniel Goleman es bien conocido como padre (uno de ellos, al menos, que el concepto puede ser, como dicen de algunos perros en México, un mil leches) y muy efectivo divulgador de la Inteligencia Emocional. (Yo soy más afín a las contribuciones y al estilo de Howard Gadner, pero ese es otro asunto que no viene al caso aquí)  

Tras aquella importante contribución publicó Inteligencia Social y ahora, publicado en el 2009 tanto en inglés como en castellano, nos propone esta Inteligencia Ecológica

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El libro es interesante, pero tal vez no tan novedoso o innovador como el autor pretende.

Desde luego que es importante que una personalidad de la talla y del eco mediático y del impacto de Goleman se sume al discurso de la sostenibilidad y nos ayude a seguir construyendo ideas y conceptos cada vez más trabajados, más sólidos y mejor armados. En ese sentido debemos estarle agradecidos y darle la bienvenida. Sin embargo tengo que reconocer que en algunas partes de su libro el tipo se me ha hecho un tanto impertinente: descubre algunos mediterráneos y desde su altura de gran gurú internacionalmente reconocido reprocha a los ecologistas -muchos de los cuales llevan lustros cartografiando con rigor, modestia y detalle esos mediterráneos- no haberlos visto.

Al grano, lo que el libro viene a contarnos es que la compra (o más bien nosotros como consumidores) es un acto político con enormes consecuencias para el medioambiente y para la sociedad, un acto geopolítico del que somos responsables, que tenemos que conocer mejor esos impactos y que debemos actuar al respecto. Hasta ahí bien, estamos de acuerdo. Es un discurso al que me siento muy vinculado y en este blog hemos hecho muchas referencias a él y hemos celebrado muchas contribuciones de distintos autores u organizaciones que iban en ese sentido.

Pero Goleman parece que desconoce lo mucho y bueno que sobre esta materia se ha trabajado en los últimos 30 años con un adanismo un tanto irritante. 

Peor aún, trata con cierta displicencia discursos que parece ignorar. Por ejemplo cuando reprocha al movimiento ecologista que el reciclaje no funciona, que no es suficiente…y que incluso le hace el juego al desastre por tranquilizador de conciencias.  ¡Dios mío!, pero si esto lo lleva diciendo el movimiento ecologista desde que yo tengo memoria (y tampoco soy tan joven). Los de las tres “R”s (Reducir, Reutilizar y Reciclar) es más viejo que el TBO y quienes lo han defendido siempre son los ecologistas. Ahora en el 2009 viene Goleman a explicárnoslo y nos afea que no lo hayamos visto hasta que él ha venido a investigarlo. 

Si Goleman quiere profundizar sobre el ciclo de los productos (tipo cradle to cradle) y animarse a reflexionar sobre la reducción del consumo, del embalaje, etc. está muy bien, que se sume a las muchas y buenas contribuciones que se están haciendo… pero no que las ignore y menos aún que las menosprecie. Llega a decir que el reciclaje será visto en el futuro como un ejemplo de “ecomiopía”. No, señor Goleman, lo que es una ejemplo de “ecoceguera” es no reciclar… más bien pensemos juntos que el reciclaje es parte (evidentemente insuficiente) de una respuesta más global que afortunadamente estamos viendo -y practicando- es mucho más amplia, en ese sentido el reciclaje es un ejemplo de “ecopaso”, no de “ecomiopía”.

Bueno, así todo. Lo mismo con las etiquetas o lábeles de productos ecológicos, los defiende, pero denunciando (?) que no son la respuesta definitiva a los retos medioambientales. O cuando defiende que la sostenibilidad medioambiental debe compatibilizarse con la sostenibilidad social: estupendo, en ellos andamos peleando desde hace 20 años, ¿pero porqué adopta la pose de descubridor para explicarnos el asunto?   

La idea del poder del consumidor, de votar con nuestros euros (o dólares), es importante. Pero debemos trabajarla en el sentido de que esta fuerza del comprador no sustituya -si no que se sume- a la fuerza de la democracia y a la política. El discurso de Goleman prima, a mi parecer de forma excesiva, el poder del consumidor frente a la inutilidad del gestor político o la debilidad de las leyes para cambiar las cosas.

El propio concepto de Inteligencia Ecológica está insuficientemente trabajado y es casi ridículo cuando pone como ejemplo de inteligencia ecológica a la pequeña aldea tibetana de Sher, que lleva más de mil años viviendo inalteradamente y muy sosteniblemente… Pero supongo que la vida de sus trescientos habitantes, vida pobre y dura, no la quiere Goleman para sí, no la quiero yo, desde luego, para mí, ni para mis hijos. De modo que lo que debemos buscar, entiendo, es una inteligencia ecológica que nos ayude a hacer compatible el máximo desarrollo humano posible para todos con la sostenibilidad medioambiental y social. Con todo respeto, es aldea tibetana no me parece un ejemplo a seguir.    

En fin, no sigo, el libro es interesante y aporta cosas. Seguramente será muy útil a quienes no se han acercado hasta el momento a estas cuestiones o a quienes provienen de ideologías más liberales (en el sentido europeo del término). Pero un poco más de Inteligencia Emocional en la práctica le habría venido bien a Goleman para enfocar de forma más eficaz sus contribuciones y ganarnos también a otro tipo de lectores.

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One Response to “Inteligencias ecológicas”

  1. José Luis Zunni Says:

    Además del ser el Coordinador de la Escuela de Formación de ITAD y haber creado un Blog de Inteligencia Emocional, soy un observador y seguidor de todo lo que sucede en el campo de conocimiento de la Inteligencia Emocional
    Coincido con el autor de este artículo que hace una crítica cierta y contundenbte sobre el libro de Goleman, porque lo que me preocupa de verdad, es el mal uso por exceso, de determinadas palabras y expresiones. Esto me recuerda a cuando se hablaba hace veinte años en España de Master en tal o cual cosa, pasando de ser una Formación para la Excelencia, a un curso especial para Fontaneros (con el respeto que me meecen los fontaneros).
    Con la Inteligencia Emocional, o la Social o la Econlógica, pasa tres cuartos de lo smismo. Entiendo que si podemos hablar de Inteligencia Emocional para diferenciarla de la Inteligencia convencional basada en el racioninio y la crítica, o sea el hemisferio izquierdo del cerebro. Justamente es el hemisferio derecho en el que residen la creatividad, las emociones.
    Pero empezar a hablar de Inteligencia Social, Inteligencia Corporativa, Business Intellience. Business Thinking, Inteligencia Econlóbica y un largo etc. de INTELIGENCIAS, no se aleja demasiado de la interpretación a la que me refería con el término Master.
    Un cordial saludo
    José Luis Zunni

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