Romain Rolland y Beethoven en Librerinto

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En la libreria de ocasión (y café y centro cultural) Librerinto, de San Cristóbal, compré ayer por 100 pesos (unos 6 €) una entrañable edición de 1925 de tres biografías de Romain Rolland en un solo volumen: Beethoven, Miguel Ángel y Tolstoi.

José Vaconcelos firma, siendo Secretario de Educación Pública de la todavía jovencísima república postrevolucionaria, un esperanzado (y visto desde hoy o leído al gusto de día, por desgracia un tanto ingenuo) prólogo sobre las virtudes del saber y el conocimiento para el desarrollo del pueblo y para “inspirar nobles acciones en el ánimo de todos los habitantes de la República”. Muy fiel a su espíritu de “apostolado educativo” y “misión cultural”.

Lo editaba la Universidad Nacional de México con el fin de divulgar las grandes obras del pensamiento y de la literatura entre las capas menos ilustradas del país: “hacer llegar el libro excelso a las manos más humildes y lograr de esta manera la regeneración espiritual es otro propósito de estas ediciones que en su mayor parte se repartirán gratuitamente entre las bibliotecas y escuelas que el Gobierno está abriendo por toda la República (…) Porque no se concibe una ilustración, ni siquiera mediocre, que carezca del conocimiento indicado”.

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Romain Rolland no es un escritor por el que hayan pasado bien los años. Stefan Zweig ha superado con mayor éxito el paso del tiempo y quien haya leido su maravillosa autobiografía sabrá que adorabada a Rolland como amigo, como cuidadano y como artista… y de hecho escribió una biografía suya que no he podido encontrar aún en castellano. Por la biblioteca de mi abuelo sé que en aquellos años (20-40) Rolland se editaba y se vendía en España, pero ahora resulta imposible encontrar nada de él en las librerías. 

La Biografía de Beethoven (las otra dos aún no las he leido) nos muestra a un Rolland con algunos parecidos a su amigo Zweig. Comparte ese espíritu postromántico por lo excesivo afectiva y sentimentalmente, esa esperanza en el progreso vía el conocimiento y sobre todo esa moral bondadosa vivida y compartida, ese europeismo pacifista y fraternal pre gran guerra rotundamente fracasado pero al que tanto debemos las generaciones posteriores (y ahí está la victoria póstuma de aquella generación y aquellos ideales). Una frase de Beethoven les viene bien a los tres: “no reconozco otro signo de excelsitud que la bondad”.

Os copio un poema de Beethoven que cita el libro y que bien podríamos ponerlo en la cabeza de este blog para ayudarnos a no traicionarnos:

Wohltuhen, wo man kann,
Freiheit über alles lieben 
die Wahrheit nie, auch sogar am 
Throne,verleugnen.

Ludwig van Beethoven, 1792

(Hacer el bien que se pueda,
amar la libertad por encima de todo,
la verdad nunca, ni siquiera
por un trono, traicionar.)

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P.D. Por cierto, si pasas por San Cristóbal no olvides hacer una visita a esta meritoria, sencilla y agradable librería de ocasión: Librerinto.

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