La sencillez y el emprendizaje al servicio de la sostenibilidad

En la página del PNUMA me encuentro con una noticia llamativa, que no se sabe si es un sueño visionario o simplemente un canto a la sencillez y el empuje emprendedor puestos  al servicio de la sostenibilidad. Con este tipo de noticias uno puede todavía creer que la innovación sigue estando, como en los mejores tiempos, al alcance del sueño de un chaval de 15 años fantaseando y jugando en la playa.

Siempre me llama la atención la relevancia que los grandes físicos teóricos dan a la belleza, la elegancia y la sencillez de la fórmulas con que van unificando la teoría. A lo mejor resulta que en la innovación para la sostenibilidad también hay una relación, no sé cuál pero parece que la presentimos, entre la sencillez, la belleza, la elegancia, la limpieza (en su sentido más sutil, donde se junta con la transparencia) y la efectividad.

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Dice así:

La propulsión eólica retorna a los mares como en los viejos tiempos, pero sin velas y potenciada.

DÜSSELDORF, Alemania.- Dicen que la fe mueve montañas. Pero en este caso, una innovación alemana permite que el viento mueva buques cargueros modernos, y de los grandes.

Un sistema de propulsión eólica, que reduce hasta 50 por ciento el uso de combustible, puede ser usado incluso en embarcaciones de gran calado.

Consiste en una suerte de parapente unido al barco por medio de cuerdas, de acción dinámica según la dirección e intensidad de los vientos, y que se activa automáticamente, guiado por una computadora a bordo.

Así, un parapente de 160 metros cuadrados llega a desarrollar con la ayuda del viento una fuerza de tracción de hasta ocho toneladas, casi igual al empuje producido por un motor de un avión Airbus A318.

Dotados con este sistema, los barcos pueden reducir entre 10 y 35 por ciento su uso anual de combustible, llegando a 50 por ciento en situaciones óptimas de viento.

De alguna manera es una vuelta a los orígenes en los que, previo al desarrollo de las máquinas a vapor y los motores diésel, la navegación a vela dominaba los mares.

Ahora, en lugar de un mástil con velas estáticas, se emplaza este parapente, cual “paracaídas gigante”, de movilidad en todas las direcciones. Su funcionamiento no sustituye sino que complementa al de los motores.

Su creador es el joven Stephan Wrage, nacido en la septentrional ciudad portuaria de Hamburgo, ingeniero y amante de la navegación a vela y el atletismo.

“La idea se me ocurrió a los 15 años. Estaba practicando aladeltismo en la playa y me pregunté si esa enorme fuerza de arrastre no podría utilizarse también para los barcos”, dijo Wrage a Tierramérica.

En 2001 vio la luz la empresa SkySails, fundada con el objetivo de fabricar este parapente para embarcaciones. En 2007 comenzó su prueba piloto en rutas internacionales a bordo de dos buques de carga.

“Es el ingreso a la tecnología moderna de la utilización del viento como impulso para la navegación”, declaró a Tierramérica Peter Schenzle, experto en la materia y asesor de la Estación Experimental para la Construcción de Barcos de Hamburgo.

Una de las principales características alentadoras del proyecto consiste en no ser contaminante: el viento es la fuente de energía más limpia en alta mar. Las ventajas de su utilización masiva podrían ser enormes, ya que cerca de 90 por ciento de los bienes comercializados en el mundo son llevados en barco por lo menos un trecho de su camino de productor a consumidor.

Actualmente, más de 100.000 barcos navegan por el mundo. Y se calcula que la flota global aumentará 75 por ciento para 2020. El consumo de combustible promedio de un barco con una potencia de 100.000 caballos de fuerza es de entre 12 y 15 toneladas por hora. Por lo tanto, en conjunto, y según estimaciones del sector, el tráfico marítimo mundial sería responsable de la emisión de más de 800 millones de toneladas de dióxido de carbono por año.

En ese marco, y si bien el transporte marítimo es comparativamente menos contaminante que el resto, en un futuro cercano se prevé implementar nuevas reglas para controlar y limitar las emisiones de gases invernadero.

De hecho, la Organización Marítima Internacional, dependiente de la Organización de las Naciones Unidas, elabora normas para reducir las emisiones de dióxido de carbono por parte de barcos, tras haber hecho lo propio en 2008 respecto de las emisiones de dióxido de azufre.

Pero además, una de las cuestiones más tentadoras de esta novedad consiste en reducir los costos de funcionamiento del barco, 90 por ciento de los cuales corresponden al combustible.

“Decidimos adoptar el sistema SkySails para preservar al ambiente, ahorrar recursos y, a largo plazo con precios del gas y petróleo en alza, seguir siendo competitivos”, dijo Gerd Wessels, director de la compañía naviera Wessels y propietario de uno de los cargueros que ya cuentan con esta innovación.

Dependiendo de las dimensiones, el precio del sistema oscila entre 500.000 y casi 3,5 millones de dólares. Según SkySails, la inversión se amortiza en tres a cinco años.

En el segundo semestre de 2009, la empresa iniciará la fabricación en serie del producto. Con pedidos por adelantado de Alemania, Noruega y otros países europeos, ya ha colmado su capacidad de producción para los primeros 12 meses.

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La noticia salió en la página web TIERRAMÉRICA, una web que, por cierto, merece una visita. Su consejo editorial está integrado, ni más ni menos, que por Carlos Fuentes, Rigoberta Menchú, Maurice Strong y Elena Poniatowska entre otros.

Y las fotos las he tomado de la web de la empresa Skysails.  

One Response to “La sencillez y el emprendizaje al servicio de la sostenibilidad”

  1. amigoplantas Says:

    Combinar, complementándolos, sistemas diferentes es una idea formidable

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