Menú del día en un tres estrellas

El título y el autor prometían: Tecnología, progreso y el impacto humano sobre la tierra, de John Gray. Entré en sus páginas con la seguridad de sentarme en una mesa con tres estrellas michelín.

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Y sin embargo tengo que decir que me ha decepcionado un poco. El autor se pone para empezar el objetivo muy alto: nos quiere dar respuestas novedosas, inéditas, pretende, en el pensamiento liberal, socialdemócrata y ecologista, que repondan a nuestra necesidades de hacer frente a los retos medioambientales del presente y del futuro. Claro, con esa ambición es muy difícil no cascar mucho antes de colocar el punto final, por mucho que seas John Gray…

Gray se protege prudentemente en su primer paso con todo el acumulado científico para presentarnos la situación del problema del cambio climático (con los informes del IPCC, por ejemplo) y sin embargo se basta solito, en el segundo paso, con su propia autoridad para descubirnos que las respuestas de contención energética, de diversificación y descentralización de fuentes alternativas no nos sirven y no son realistas (yo habría agradecido lo justificara un poquito más, dado el avance de la diversificación energética en la teoría y en la práctica, tanto empresarial como pública). Con el mismo fundamento, y sin soporte ajeno adicional a su propia afirmación, nos descubre que la agricultura diversificada, decentralizada, ecológica, que respete la biodiversidad de especies alimentarias y de culturas agrícolas y alimentarias, tampoco nos sirve para ayudarnos en un futuro (de nuevo habría agradecido alguna argumentación que supere, por poner, los estudios de la FAO al respecto, que tampoco son lo más revolucionario o novedoso del mundo, pero al menos se toma la cuestión con seriedad, rigor y apertura de mente a la innovación científica y tecnológica, sí, pero también también social, cultural, comercial,  organizativa y de consumo). Como todo eso no nos sirve de nada, resuelve Gray de un plumazo, él nos aporta soluciones novedosas (?) que se apoyan en un sentido común a mi juicio un tanto grueso: energía nuclear y tecnología alimentaria.

Bien que este libro sólo recoge una conferencia, y que del prestigio del autor debo esperar que sus afirmaciones las tenga sólidamente fundadas en algún otro lado que yo debería conocer antes de escribir esto, pero el caso es que lo que juzgo es lo que ha caído en mis manos y, la verdad, para acabar en estas ideas gruesas (¿y novedosas?) no necesitábamos que el tío nos veniera precedido de sus cargos en Oxford y Harvard.

La contracubierta del libro nos dice que “los textos de Gray se caracterizan por un hondo pesimismo cuya fundamentación parece, sin embargo, irrefutable”. Lo de “hondo pesimismo” no me parece una virtud intelectual en sí misma, es más, si se repite sin ser razonablemente justificada en cada caso, no deja de ser una pose o, peor, un defecto de carácter, como dirían en otro tiempo, no especialmente admirable (bien que a veces la inteligencia y la clarividencia puedan ir acompañadas de razonable pesimismo, y que cada cual sea muy libre de padecer y mostrar los pesos que quiera o le toquen; pero me cuesta aceptar que el pesimismo por sí sólo sea sinónimo de nada notable o envidiable, ni vital, ni humana, ni intelectualmente); y lo de la “fundamentación irrefutable” - si quiera a nivel de contertulio de radio o de artículo de opinión de periódico - es precisamente lo que he echado de menos en este escrito.

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