EL CLUB DE LA MISERIA merecía más

Hoy os voy a comentar un libro sobre pobreza y desarrollo que ha sido polémico, pero que a mi juicio es interesante porque aporta (al menos divulga) elementos útiles al debate y a la práctica.

Es “El club de la miseria. Qué falla en los países más pobres del mundo”, de Paul Collier, editado (muy bien, por cierto) por TURNER

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Tienes un resumen de las ideas del libro, por el propio autor, en este artículo publicado en El País. Te animo a que las leas dado que mi resumen puede resultar sesgado y mi interpretación no siempre será acertada.

Debo adelantar que no estoy de acuerdo con alguna de sus tesis o, más modestamente, no creo que el autor las “demuestre” -o siquiera justifique- tan científica e incontrovertiblemente como él aparenta creer. Sus ideas podrían -precisamente porque son interesantes y útiles- haberse presentado de forma más eficaz, más constructiva y (¿me atreveré a decirlo viendo su currículum y su status en el stablishment oxoniense?) menos simplista. Se me podrá argüir que se trata de un ensayo de divulgación y que su fundamento está sólidamente basado en innumerables publicaciones académicas publicadas por el autor y su equipo a las que se nos remite para mayor profundización. Sin embargo yo estoy convencido de que el ensayo de divulgación no puede coquetear con la simpleza, sino que debe avanzar hacia la sencillez (sin artificios, ostentación o adornos, que expresa naturalmente los conceptos: RAE), que son dos  cosas muy distintas. Siempre, claro está, dentro de los límites que se le atribuye a Einstein haber precisado: “everything should be made as simple as possible, but not one bit simpler”. Y por eso creo que a este autor le son exigibles unas mayores solidez y honestidad intelectual (distinta a la académica) en la presentación y defensa de sus muy interesantes argumentos. Se lo merece su currículum, nos lo merecemos sus lectores y, más importante, se lo merecían las importantes ideas que defiende.

Me parece que ha quedado un párrafo un poco duro, y sin embargo os aseguro que me ha parecido un buen libro, del que se puede aprender mucho y que además se lee con mucho facilidad y gusto.

La primera tesis del autor es que quienes trabajamos o estamos interesados en cuestiones de desarrollo y de pobreza debemos “cambiar el chip”. Estamos acostumbrados a pensar en un 15-20% de la población mundial rica (1.000 millones de personas) y el resto pobre. Sin embargo la globalización ha permitido cambiar las tornas y nos encontramos en un mundo donde el ochentaytantos por ciento vivimos en situación de desarrollo, progreso o riqueza razonables (o en vías de serlo), mientras que el problema real del desarrollo es que hay un grupo de países que se han quedado muy atrás y en el que viven 1.000 millones de personas. Países fundamentalmente, aunque no sólo, del África subsahariana. De ahí el título en inglés “The Bottom Billion” (en adelante BB).

Creo que esta primera tesis es suficientemente consistente y llena de consecuencias útiles como para dedicarle atención y como para presentarla con rigor y bien matizada, algo que el autor no siempre consigue hacer.

El autor no presta suficiente atención a las cuestiones de desigualdad interna dentro de países “no-bottom-billion”, pero en los que cientos de millones de personas viven en condiciones idénticas. Lo cual no tiene porqué afectar a su tesis principal si incorporara una explicación, pero sin un tratamiento adecuado su BB se queda en una operación muy superficial (”países pobres” por ”población” igual a “bottom billion”). Si hubiese sumado en su análisis cuestiones de desigualdad o de políticas económicas o sociales dentro de los países “no-bottom-billion” tendríamos al menos una respuesta a la suerte de los, por ejemplo, 2.500 millones de personas sin acceso al saneamiento. Pero nos quedamos sin esa explicación: esos millones de personas que mueren de hambre o de enfermedades de la pobreza en países “no-BB” no parecen entonces ser un problema que se relacione con la pobreza o el desarrollo. Es más, prestarles atención en el mismo marco que a los BB resulta casi criminal: significa descuidar las prioridades y dañar así al “bottom billion” que es el que verdaderamente necesita recursos y atención.

Hasta ahí resulta discutible, lo cual no es malo, para eso se escribe y se lee un ensayo. Pero el problema es que autor se despacha con quienes puedan opinar distinto de una forma muy peculiar: quienes defienden que el problema del desarrollo y de la pobreza va más allá de los países del “bottom billion” lo hacen por comodidad, son funcionarios de las agencias de ayuda que prefieren ser destinados cómodamente a Brasil o a Indonesia que a los duros, difíciles y peligrosos Haití o Somalia… Responder a argumentos con atribución de intenciones no parece muy sólido, se trabaje en Oxford o en cualquier otro lugar… sin embargo a lo largo de las 300 páginas del libro este supuesto argumento “ad hominem” (contra el que no cabe contrargumentar, te lo crees o no) se repite tres o cuatro veces. Sería como decirle que él defiende que hay que centrar la atención y los recursos en los países del “bottom billion” porque es sobre esos países que él trabaja y su instituto contrata importantes y sustanciosos estudios (subrayo que no creo que este último argumento que me saco de la manga sea veraz ni válido, sólo hago el ejercicio absurdo de argumentar como él hace).

Es muy propio del autor sacar a colación una anécdota ridícula para demostrar una idea o principio general. Por ejemplo: un secuestro se salda con reclamaciones tontas, ergo los conflictos no tienen causas politicas.   

El autor critica el enfoque de los Objetivos de Desarrollo del Milenio por generalizar los objetivos y los destinatarios en lugar de focalizarse en el BB. A mí lo que me parece es que los ODM nos han dado un magnífico instrumento para identificar qué países están cumpliendo y cuáles no (coinciden con los del “bottom billion”, claro) y consecuentemente dónde hay que poner más recursos y atención. Tal vez se trate de tener actitud de sumar o actitud de restar.

En definitiva esta primera tesis -debemos centrarnos en los países que se han quedado atrás- es demasiado importante como para defenderla de una forma tan burda.

La segunda aportación del autor consiste en describir las cuatro trampas que él y su equipo han descubierto que impiden que los países del BB salgan adelante: la trampa del conflicto; la trampa de los recursos naturales; la trampa de no tener salida al mal y tener malos vecinos; y la trampa del mal gobierno en un país pequeño.

No comentaré las cuatro trampas, se haría demasiado largo, y además no quiero aparentar que estas rápidas líneas son una respuesta coherente a este libro -lo cual excede con mucho mis pretensiones y seguramente mis capacidades-. Tampoco os voy a pedir que me sigáis en esta entrada durante demasiados párrafos (bastante mérito si habéis llegado hasta aquí). Comentaré la primera: la trampa del conflicto.

El autor hace estudios estadísitcos en que analiza varias variables para identificar las condiciones que hacen más o menos probable el conflicto. Hasta aquí correcto e interesante.

El autor habría hecho muy bien en ayudarse de la ingente cantidad de trabajo que expertos de otras disciplinas han realizado sobre los conflictos en los últimos 40 años, sin embargo prefiere despreciarlo de un manotazo por entenderlo políticamente sesgado y empezar de cero como si con él empezará el estudio científico y cuantitavo del conflicto. Lo cual suena además a revival un tanto dépassé de escuelas behavioristas de las Relaciones Internacionales - curiosamente muy cercanas a lo inicios de los estudios de conflictos- más propias de los años setenta que de nuestra época. ¿Por qué además tiene el autor la necesidad de desacreditar con brocha gorda el trabajo de las ciencias -o “estudios”, que más da- sociales (¿qué otra cosa es la economía?) sobre el conflicto para defender su trabajo?

Es más si él hubiera presentado su trabajo como una contribución a esa tradición, podría tener mucha validez -si bien no la originalidad que predica-, pero al pretender que unas estadísticas nos explican la complejidad infinita e irrepetible de cada conflicto, pierde mucho rigor.

Pongo otro ejemplo: bien que no haya un relación causa-efecto directa, invitable, automática y proporcionalidad entre falta de libertades políticas y el conflicto o entre sometimiento étnico y conflicto (si hubiese conocido realmente las contribuciones de los estudios para la paz o de lo conflictos, o de la ciencia política o de las relaciones internacionales sobre esta cuestión sabría que eso es algo bien sabido y reconocido, no un descubrimiento suyo supuestamente contra la opinión general de los sesgados y prejuiciados politólogos y estudioso sociales). Bien, ya sabemos que esa relación no es directa, nadie lo pretende, ¿pero desde ahí podemos colegir que no hay relación alguna de ningún tipo entre lo uno y lo otro, sólo porque las estadísticas nos digan que hay muchos conflictos sin esos elementos y hay otros muchos casos en que se dan esos elementos y no hay conflicto? Esas estadísticas o estudios cuatitativos nos pueden decir mucho, pero no les pidamos que digan más de lo que pueden.

En fin, creo que en su superequipo de economistas (todos -no lo dudo- muy listos y capaces) haría bien en incluir a alguien que les ayude con un poco de lógica argumentativa, o un poco de filosofía de la historia o de causalidad política para terminar de redondear sus argumentos y para terminar de sacar todo el jugo, que es mucho, que sus invetigaciones puede aportarnos y que los interesados en el tema sin duda necesitamos.

Una tercera observación rápida. El autor recomienda una agenda para el desarrollo muy significativamente al G8… y no a la ONU. En esa agenda hay ideas muy buenas, pero su focalización en macroinversiones de infraestructura no termina de convercerme. Bien que habrá casos en que resulte útil (e imprescindible, incluso), pero el autor no nos ha explicado justificadamente -más allá de sus prejuicios ideológicos- porqué las cree más útiles para el bienestar de esos mil millones de personas que inversiones de similar cuantía en educación o acceso al agua y saneamiento, por poner dos ejemplos.  

Bueno, esto se me está alargando y os aseguro que esta entrada era para recomendar el libro, que es interesante. Además no pretendo hacer una crítica o reseña completa o si quiera bien urdida del libro (ni aparentarlo), si no simplemente compartir con el valiente que haya llegado hasta aquí (si es que hay alguno agradecería que levantara la mano), algunas ideas que se me han ocurrido al leerlo, sin mayor pretensión que invitarte a continuar: tienes la palabra, you have the floor

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