Efectivamente: es NUESTRA RESPONSABILIDAD.

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Sí, es nuestra responsabilidad, la tuya y la mía.

UNICEF del Reino Unido ha publicado hoy mismo, coincidiendo con el décimo aniversario de la ratificación británica del Protocolo de Kyoto, un informe que debería ser de lectura obligada para todos, dado que se trata de un asunto que a todos nos afecta y ante el que todos debemos reaccionar.

Se titula “Our climate, our children, our responsability” (”Nuestro clima, nuestros niños, nuestra responsabilidad”, por cierto animo a la sección española de UNICEF a que considere su traducción al castellano, la adaptación de las conclusiones al caso español y su difusión).

El informe insiste, como en su día hizo el Informe de Desarrollo Humano 2007-2008 del PNUD (informe también de lectura muy recomendable), en que quienes menos han contribuido al cambio climático, quienes menos han emitido, los niños pobres del mundo, serán quienes más caro, más duro, más cruelmente van a pagar -están en algunos caso pagando ya- los efectos del cambio climático.

Nosotros tenemos medios para, mal que bien, adaptarnos a la gravedad de la amenaza, pero otros no tienen la misma suerte. Los cambios en temperaturas y precipitaciones, tendrán -en algunos caso tiene ya- efectos en la agricultura, los ecosistemas, el acceso al agua y el saneamiento, la salud, la pobreza, el disfrute del derecho a la educación (especialmente entre las niñas, con lo cual tenemos otro efecto asociado en desigualdad y discriminación) y la vivienda…

El informe, avalado entre otros por Lord Nicholas Stern, el autor del Informe que lleva su nombre, aporta datos estremecedores:

- entre 40.000 y 160.000 niños podrían morir al año por el aumento de la pobreza asociado al cambio climático en Asia y África. 

- el aumento de 2º de temperatura puede aumentar el número de personas que sufren hambre en 30-200 millones de personas, y un aumento de 3º, en 550 millones.

-  la malaria puede matar a 800.000 niños más al año, los casos de diarrea pueden aumentar de un 2 a un 5 %.

Este informe recuerda que todo esto no es algo lejano: tiene que ver con lo que tú y yo vamos a hacer con nuestras emisiones, con nuestras atención o desinterés por el fenómeno, por la exigencia a nuestras instituciones políticas, sociales, empresariales, de todo tipo…

Podemos hacer mil cosas, te doy ideas: ¿eres socio de una ONG medioambietal (Greenpeace, ADENA/WWF, tienes varias… la que más te guste) o de transformación y justicia en el mundo -cualquiera de las que pertenencen a las coordinadoras de ONGs, la misma UNICEF-?, ¿te has interesado por tus emisiones y cómo reducirlas?, ¿por el origen y procesos de lo que compras o consumes?, ¿te importa si tu supermercado habitual tiene productos de agricultura ecológica o de comercio justo, y los consumes a pesar de que en algunos casos puedan costar unos duros más?, ¿te has interesado por cómo afrontan la cuestión -mitigación, proyectos de compensación, etc.- las instituciones de todo tipo las que eres parte y puedes influir?…Me temo que, además de lamentarnos y de echar la culpa -justamente- a los poderosos del mundo, tenemos otras muchas cosas que ir haciendo. 

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