“Tenemos que dejar de defender que todos tenemos derechos que se pueden escribir pero que después no se puedan pagar”

“Tenemos que dejar de defender que todos tenemos derechos que se pueden escribir pero que después no se puedan pagar”, dicen que dijo ayer la Secretaria General del Partido Popular, María Dolores de Cospedal, en los desayunos de La Razón.

Como no quiero juzgar por una cita de prensa busco el discurso y lo encuentro íntegro publicado en La Razón (como insisto tanto con mis alumnos en que deben buscar las fuentes originales y auténticas de cada asunto antes de opinar o comentarlo, soy coherente con ello aunque los principios me lleven hasta enlazar este blog a La Razón).  

Efectivamente el párrafo íntegro es:

 ”He apelado a la solidaridad de todos los ciudadanos de Castilla-La Mancha y a la responsabilidad de todos los partidos y organizaciones sociales, sindicales y empresariales. Y he apelado a la solidaridad de todos ellos porque entre todos hemos convenido que la cultura de la subvención por la subvención ya no es posible, ni en Castilla-La Mancha ni en ningún sitio. Tenemos que dejar de defender como una bandera que todos tenemos derechos que se pueden escribir pero no se pueden pagar. Tendremos que ser capaces de establecer, plantear y marcar unos servicios sociales y unas prestaciones sociales básicas que sean asumibles en el tiempo y que podamos pagar entre todos. Y lo demás es engañarnos por tiempo, y engañar a aquellos que nos tienen que dar su respaldo y a los cuales pedimos su apoyo cada vez que llega un proceso electoral.”

La “cultura de la subvención por la subvención” es mala, en eso estamos de acuerdo, pero cuidado con “tirar al niño con el agua sucia”. Ajustar, reducir, acabar con el despilfarro, el fraude o el mal uso de los recursos públicos es algo no sólo bueno, sino necesario. Pero aprovechar ese discurso para desprestigiar genéricamente la subvención, que no es sino una figura administrativa de gestión de los fondos públicos para fines públicos, es trampa.

“Tenemos que dejar de defender como una bandera que todos tenemos derechos que se pueden escribir pero no se pueden pagar.” Me inquieta ese “todos”, ¿significa que algunos sí tenemos derechos -los que podemos defenderlos o pagarlos- y otros -¡se siente, se siente!- no?

¿A qué derechos nos referimos?, ¿a los Derechos Económicos, Sociales y Culturales (DESC)?, por el contexto -y por estar escritos- parece que podemos colegirlo.

La lógica simple de Perogrullo (no se puede pagar lo que no se puede pagar) no funciona para asuntos complejos: ¿cómo se establecen los criterios de gestión de lo público?, ¿qué es prioritario?, ¿qué distintas fórmulas tenemos para hacer frente a lo prioritario?, ¿cuáles son los pros y los contras de cada una de esas diferentes opciones?. Para dar respuestas complejas a estos problemas complejos es que necesitamos de la política y de grandes políticos. Si de aplicar el sentido común de Perogrullo se tratara, no necesitaríamos políticos. Pero aquí, como diría el viejo Guerra, los que dicen que no hay política están haciendo política: alguien decide que el rescate de Bankia es más importante que el profesor de una chica discapacitada que se ha quedado sin derecho a la educación estos días en Cádiz (sí, sí, derecho-a-la-educación, no opción o espectativa o deseo de educación).Y decidiendo así estaba haciendo política.

“Tendremos que ser capaces de establecer, plantear y marcar unos servicios sociales y unas prestaciones sociales básicas que sean asumibles en el tiempo y que podamos pagar entre todos.” 

Completamente de acuerdo. Precisamente para establecer cuáles son esos servicios sociales y esas prestaciones básicas es que nos sirven los Derechos Económicos, Sociales y Culturales, con los que España está plenamente comprometida como parte del Pacto Internacional, que son hoy más importantes que nunca.

Ahora que el ataque de los “exegetas del sentido común” a los DESC empieza a asociarlos a ”la subvención por la subvención” o a los “derechos que se pueden escribir pero no se pueden pagar” es momento de decir que la doctrina de los DESC tiene poco o nada que ver con la “sopa boba”, tiene que ver por contra con construir un sociedad inclusiva, responsable con sus recursos, que no los despilfarra sino que los invierte en la gente, en su salud y en su educación, en su futuro, que apuesta en el progreso y el desarrollo de un país a través de su gente. Los DESC obligan al estado no a inventarse dinero o a endeudarse más allá de lo que sea prudente en cada momento, sino a gestionar lo público con rigor apostando por la dignidad y el futuro de las personas.

La igualdad en los derechos básicos no es un lujo caro de tiempos de bonanza, es un requisito de legitimidad de un estado democrático (más si se declara, como dice nuestra Constitución, social). Y además de tener que ver con la dignidad y la justicia, tiene que ver con el desarrollo y la economía. El Informe del PNUD 2010 nos hablaba de estas cosas.

El Premio Nobel de Economía Stiglitz en las presentaciones de su nuevo libro insiste estos días: la creciente brecha entre los que no tienen y los que tienen, la desigualdad, “no es sólo una preocupación justa, es el signo distintivo de una economía enferma”.

Juraría que el candidato republicano Rommey ha tenido que disculparse por unas declaraciones que en cierto sentido tienen paralelismos con las de Cospedal. El propio Stiglitz contesta a Rommey, en este muy recomendable artículo, con argumentos que, mutatis mutandis, vienen al caso.   

Muchos más -y desde luego mejor- podría comentarse de este discurso, unos comentarios hechos a la carrera entre reunión y reunión mientras miro la hora con temor de llegar tarde no valen: me disculpo, pero quería reaccionar.

…y al tiempo creo que hay que agradecer la claridad con que en este discurso se expone el programa y los principios que nos gobiernan.

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