Más artículos de Krugman

Supongo que recomendar demasiados artículos de un mismo autor en poco tiempo, puede resultar perjudicial para la imagen de un blog que quiere recoger ideas buenas de diversas fuentes y difundirlas entre sus seguidores o lectores o curiosos o visitantes o amigos o despistados navegantes perdidos… o lo que seáis cada uno de los que esto leáis.

Pero en este caso voy a saltarme las normas de la etiqueta bloguera para recomendar dos artículos de un autor que ya la semana pasada os citaba: Paul Krugman. 

El domingo pasado, publicó en el suplemento salmón de El País un largo artículo (casi más un ensayo breve) titulado “Cómo construir una economía verde”, trata sobre la economía (y la política) de la reacción ante el cambio climático. Requiere darle un tiempo, pero merece lectura con lápiz o subrayador. Como hacen los grandes, el autor se aleja de dogmatismos para presentarnos propuestas sólidas pero argumentadas con respeto, distancia con respecto a su propio saber y no poco humor. Krugman apuesta por una combinación inteligente, posibilista al tiempo que valiente, de instrumentos propios del mercado e intrumentos de la política (si es que lo uno fuera distinguible de lo otro). Su conclusión: “el análisis económico estará preparado. Sabemos cómo limitar las emisiones de gases de efecto invernadero. Tenemos un buen conocimiento de los costes, y son asumibles. Todo lo que necesitamos ahora es la voluntad política.”

Este domingo el mismo cuadernillo de El País recoge dos artículos, mucho más breves esta vez, del mismo autor: el primero tiene mucha actualidad en el debate político español y tiene el muy directo título de “Reprimenda a las agencias de calificación”. El segundo es mucho más potente y no sólo cuestiona el papel de parte importante de las actividades del sector financiero, sino que saca valientes conclusiones muy a la contra del saber convencional: no sólo hay que reformar la gobernabilidad de las finanzas, Krugman va mucho más allá, “también tenemos que reducir el tamaño de las finanzas”. Y es que “el hecho es que hemos estado dedicando una parte demasiado grande de nuestra riqueza, una parte demasiado grande del talento del país, al negocio de diseñar complejos planes financieros y trapichear con ellos; planes que tienen cierta tendencia a destrozar la economía. Poner fin a esta situación perjudicará al sector financiero. ¿Y?” No os lo perdáis: “No lloren por Wall Street”

P.D.: Y hoy, lunes, vuelve el mismo medio a publicar otro artículo de Krugman: “La trampa del euro”. Para mi gusto da una visión injustamente negativa del euro, pero el análisis de fondo lo comparto, y es que, en palabras poco científicas, como sociedad hemos vivido en la época de las vacas gordas, como ricos nuevos. Lo que no estoy seguro es que de esto podamos culpar al euro, o es el sino de nuestras sociedades opulentas, consumistas (sí, a pesar de la crisis) y temerosas de los valores que cuesten un poco de esfuerzo, de creatividad y de mérito, de deberes y obligaciones y no sólo de derechos, de construcción social sostenible y no sólo de consumo social… y eso habría sido así, me temo, con euro, con peseta, con dracma o con cualquier otro instumento de pago, dado que las causas de fondo no caben en una gráfica de un manual de economía.

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