Una gran persona

No soy yo muy dado a ensalzar deportistas. El rollo del papel social y educativo del deporte me parece siempre un poco tontorrón. Lo de los valores del deporte me suena entre cursi y falso. En el fondo creo que flaco favor social y cultural hace una sociedad del panem et circenses. Por no hablar de cuando el deporte se cruza, que es muy a menudo, con el papanatismo, la grosería, la alienación y el seguidismo más tonto o, peor todavía, con el nacionalismo cazurro o con las rencillas reales o inventadas interregionales o locales o barriales. Cuando el deporte saca lo más mezquino de los padres arrimados a la baranda de los campos es simplemente risible. El tiempo y el espacio que los medios de comunicación dedican al deporte profesional no sólo son desmedidos, sino dañinos para todos (y el deporte, seguramente, en su primera víctima)…

En el fondo el deporte me parece bien y me gusta y, con mesura, lo practico, lo que desprecio es el circo que se monta en torno al deporte mal entendido (olimpiadas y el rollo del espíritu olímpico incluido, por supuesto, sean en Madrid en Río o donde toque) y el ensalzamiento de sus supuestos hérores y modelos.

Pero esta entrada no era para hablar mal de la tonteria en torno al deporte en nuestra sociedad, sino bien de una persona que está en su momento deportivo clave.

Acabo de leer una reflexión de Edurne Pasaban, probablemente hecha a pedazos (y luego editada, como se ve, por otra persona: la periodista Ángela Benavides), en las infinitas horas de espera a que el tiempo de una oportunidad, o de aclimatación…

Son unas reflexiones tan humanas y tan cercanas, que la hacen tan grande como las montañas que sube… y es que seguramente no está hablando de deporte, sino de sueños, de planes, de qué es eso de la vida plena y cómo se consigue… y en eso estamos todos (incluidos, supongo en un esfuerzo de apertura mental y generosidad, los comentaristas deportivos y sus seguidores), al menos desde que los griegos, que no sabían siquiera que el Himalaya existía, se hacían la misma pregunta de cómo se construye eso de una vida plena y justa y bella.

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“2010 La culminacion de un sueño
Tengo 37 años. Y, a día de escribir estas líneas, un palmarés deportivo con doce cumbres de más de ocho mil metros. Es mucho, supongo… Pero por otro lado - ¿eso es todo? No tengo marido, ni hijos, ni una carrera profesional que me asegure una pensión cómoda. De hecho, no tengo claro en qué estado voy a llegar a la edad de jubilación: por lo pronto, ya he perdido dos dedos por el camino.   

A veces miro a mi alrededor y, contemplando las vidas de otros, me sorprende comprobar como ha transcurrido la mía. Mis amigos sonríen en las fotos de familia… En muchas de las mías tengo la cara desencajada por la altura y el sufrimiento mientras que en otras, maquillada y peinada y bajo los focos, apenas me reconozco. Gente que nunca he visto sigue mis pasos, opina sobre mis logros y fracasos, augura mi futuro, adivina mis motivos par hacer lo que hago. Y yo, mientras, boqueando de camino a la cumbre, en una pendiente inmensa y blanca… ¡A veces me siento tan sola ahí arriba!

Desde mi primera expedición a un ochomil (el Dhaulagiri en el 98, con 25 añitos), he regresado al Himalaya cada año. O, más bien, apenas he pasado temporadas en casa entre expedición y expedición, cultivando con los años una incómoda sensación de provisionalidad, de desarraigo, de vivir en un precario campo base del que no quedará rastro cuando llegue el monzón.

En esos momentos siento vértigo por los años de mi juventud, por lo que he perdido, por el torbellino de mi vida nómada. Pero luego recuerdo lo que he vivido…

El tiempo transcurrido estalla en mi memoria en forma de flashes de hielo azul, rostros curtidos, mantras de un lama, noches terribles y viento que aúlla, intensos momentos robados al destino, crujido de crampones, falta de aire, una mano enguantada que levanta el piolet en señal de triunfo, y la increíble visión del mundo a mis pies.   

Esta primavera será otra más en el Himalaya, pero también será diferente. Quiero subir no una montaña, si no dos – pero pueden ser las últimas del proyecto en el que llevo tanto tiempo centrada. Annapurna y Shisha Pangma – dos puertos de ochomil metros antes de cruzar la meta. Me juego mucho. Si fracaso, confío en poder seguir intentándolo. Pero - ¿y si triunfo? Como dice el tópico, haría mi sueño realidad… Pero, y entonces, ¿qué? Ahora me doy cuenta de que los gigantes del Himalaya no me han dejado ver más allá…

Y precisamente más allá está la razón para correr hacia la meta… Una vez la cruce se abrirán otras puertas, descubriré otros caminos, surgirán otras vivencias que recordar más adelante. Quiero terminar cuanto antes mi “Desafío 14×8000”, es cierto. Porque quiero saber qué me espera luego. Porque necesito completar el círculo, cerrar una etapa que, pese al inmenso precio que me ha exigido pagar, creo absolutamente que ha merecido la pena. Y que, cuando en un futuro mire atrás, con serenidad y perspectiva, seguramente llegue a la conclusión de que estos han sido los mejores años de mi vida.”

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One Response to “Una gran persona”

  1. Rubén Says:

    Hace poco vi a Edurne en TV (ETB, creo recordar). Era una entrevista en su casa y hacía las mismas reflexiones sobre sí misma. La verdad es que también me sorprendió gratamente que sus palabras fueran más allá de un discurso superficial sobre ser la primera mujer en subir los ochomiles, que no apareciese como un árbol de navidad ataviada con los logos de 10.000 patrocinadores o que no se enzarzase en polémicas sobre quién y cuando ha llegado a no sé qué cima.

    Me sumo a las felicitaciones a Edurne por sus logros, pero al contrario de lo que pretendías, mi máxima atención la ha captado precisamente tu entrada. Suscribo totalmente tu breve “Yo acuso”. ¡Qué ganas tenía de leer algo parecido!.

    No entiendo ni la dedicación en tiempo y esfuerzo ni por supuesto el enfoque que se da en casi todos los medios al deporte. No entiendo por qué cuando se hace referencia a la llamada telebasura no se incluyen en el saco estas crónicas, periodistas y medios. No entiendo por qué lo llaman deporte cuando quieren decir fútbol. No entiendo por qué lo llaman fútbol si deberían decir negocio. No entiendo por qué Samaranch recibe más elegías y pleitesías que Delibes. No entiendo esas actitudes de padres (más que de madres, por cierto) a las que aludes…
    Hay tantísimas cosas más que no entiendo que entrevistas así a una deportista de élite son las que merecen la pena.

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