Lang Lang

Acabo de terminar la autobiografía del genial pianista chino Lang Lang. No sé si decir que es un libro maravilloso u horroroso o ambas cosas a la vez.

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El libro cuenta su durísima infancia, sometida por la tiránica y crudelísima figura de su padre, a la condena de las infinitas horas de estudio desde los 4 años, la falta de tiempo para jugar con otros niños, ni siquiera para poder estar con su amada madre para que no “perdiera tiempo”.

Las carreras musicales de sus padres fueron truncadas por la Revolución Cultural y éstos proyectaron en su talentoso hijo único (política del régimen) sus sueños y le condenaron a cumplirlos a golpe de torturas sin fin. 

En el libro cuenta cómo su padre dejó su trabajo de policia para llevarlo con 7 años desde su ciudad en el norte a Pekín y allí vivirían en la pobreza con lo que podía enviarles la madre de su sueldo de telefonista. Allí su padre tutorizaba a tiempo completo sus progresos, controlaba sus horas de estudio y todos y cada uno de sus actos y minutos. Le robó la niñez y la juventud. El libro cuenta como, al ser rechazado por una profesora su padre enloqueció por la presión a la que sometía a su hijo y se sometía a sí mismo, y le exigió que se suicidara para hacer lo propio él después, le llegó a dar las pastillas para hacerlo, puesto que no podían volver fracasados a su ciudad de origen.

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Luego comenzarían la frenética carrera por concursos en que la única posibilidad era ser el primero o el fracaso total. La necesidad de ser el número uno, el mejor o sino nada.

Pero el libro es también tierno y bello y Lang parece todavía el niño que no fue. El libro está lleno de sentimiento, de amor por la música, de personajes increíbles que le ayudan y le dan el cariño que necesitaba. 

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Muchos le reprochan por ser una estrella, por su actitud irreverente o irrespetuosa hacia la música clásica (según dicen por cientos en cualquier página de internet), le odian (literalmente lo escriben así) por su gestualidad exacerbada, extrema, exagerada, excesiva… Yo, tras leer el libro, veo en sus gestos y movimientos todo su sentimiento e incluso le veo, por ejemplo en este video, jugando a ser el niño que quiso ser y no pudo. Muchos dicen que le odian por ello, yo la verdad es que le veo simpático y tierno, le veo jugando a los transformers que su padre le tiró por la ventana un día o al mono kunfú con el que soñaba mientras estudiaba… le veo, además, pianista genial, claro está.

Por ejemplo si le preguntan por su referente principal en su formación musical, no te contesta que Bach o Beethoven, sino que te suelta que lo que a él le llevó a amar las posibilidades del piano fue ver a Tom y Jerry jugando con él. Aquí tienes el video del capítulo de Tom y Jerry al que se refiere: merece la pena dedicarle los 7 minutos y medio que dura, hazme caso.

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Con su padre se reconcilia y llega a invitarle a compartir con él a su primer concierto en el Carnegie Hall, su meta mítica desde pequeño, y mete en el programa una pieza china “caballos que compiten” para interpretarla con su padre al erhu (un instrumento de cuerda tradicional chino). Tienes el momento en youtube. Parace imposible ver al padre tocar y sonreir con delicadeza y no ver -y odiar- a quien llevaba años maltratando al niño… pero si su hijo le perdonó, no sé…: “Mi padre había estado a mi lado durante toda mi vida, en cada paso del camino, ayudándome a conseguir mi sueño; a pesar de los momentos auténticamente horribles que habíamos pasado, de los momentos en que le había odiado y me había sentido ofendido, no habría tenido una carrera en la música si no huibiera sido por él, la carrera que se había convertido en mi sueño. Al tocar con él en el Carnegie Hall, podría devolverle algo de todo aquello en forma de gratitud”

Entre las tonterías que la gente no le perdona está este tipo de cosas que hizo en el programa El Hormiguero de la sexta de tocar un estudio de Chopin con una naranja (!) y tocar algo así como la Rapsodia Húngara de Liszt a lo circense con la gente del plató aplaudiendo de fondo ante los atónitos Pablo Motos y Quique San Francisco… 

Todos estos juegos al tiempo que es capaz de colocar sus conciertos de Chopin o el 1º y 4º de Beethoven a la altura de los mejores de la historia. Pues lo siento, pero a mí me gusta este tipo y me gustan sus grabaciones (por desgracia no he podido verle en vivo).

Además, quizá por su relación estrecha con lo infantil, es hoy embajador de buena voluntad de UNICEF y tiene una fundación para el desarrollo de la infancia a través de la música. Pues mejor que mejor. 

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