Archive for the 'Milurteko Helburuak / ODM' Category

Estambul, agua y Sachs

Lunes, Marzo 16th, 2009

Desde el Foro Mundial del Agua en Estambul recordemos que hoy 2.600 millones de personas no disfrutan de acceso al saneamiento básico. 

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Jeffrey Sachs, Director del Proyecto del Milenio de las Naciones Unidas y eminente economista, decía el domingo en su artículo en El País que, incluso por razones económicas, debemos entender la crisis financiera y económica actual como una buena oportunidad de invertir más que nunca en agua y saneamiento para todos. Buena reflexión a la que nos sumamos.

P.D.: Las postales son del WSSCC.

Revista de Arquitectos Sin Fronteras

Viernes, Febrero 27th, 2009

La ONG Arquitectos Sin Fronteras ha publicado el número 34 de su revista INFO.

Se trata de un especial, en el marco de su alianza con el resto de ONGs que forman la Plataforma 2015, sobre el grado de cumplimiento a día de hoy (o incumplimiento, habría que decir con mayor precisión) de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Si quieres ponerte al día sobre la cuestión y te interesa cómo participar para el fomento de los ODM o cómo comunicar mejor para ayudar a conseguir su cumplimiento, te recomiendo que consultes los artículos de esta revista.

Los responsables de la revista dedican un par de páginas finales a recoger fragmentos de artículos o reseñas de distintas procedencias…¡y han tomado dos fragmentos de este blog para recomendar su lectura! ¡Muchísimas gracias por el detalle! La serie de fragmentos incluye autores como Moises Naím, Muhammad Yunus, Kofi Annan, Javier Ortiz, Jesús Barcos… ¡Menudo lujo de compañía! ¡Muchas gracias!

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Contra la desnutrición infantil

Viernes, Enero 23rd, 2009

Alma Saavedra, la delegada de Médicos Sin Fronteras en Euskadi, me pasa la información sobre la posición de MSF ante la Reunión de Alto Nivel sobre Seguridad Alimentaria para todos que se celebra la semana que viene en Madrid. MSF ha preparado, junto a ACH, un interesante documento que comienza con datos desgarradores (aunque estemos de acuerdo con lo que decía Gervasio: “Las cifras no cuentan nada, emborrachan las conciencias y provocan la indiferencia. El horror verdadero es cuando te topas con el nombre de las víctimas”, aún así siguen siendo necesarias para hacernos cargo de la dimensión del horror):    

La desnutrición aguda provoca la muerte de entre 3,5 y 5 millones de niños menores de 5 años y a largo plazo es la causa de una mala salud, discapacidad, pobre rendimiento escolar y problemas de desarrollo. Como los niños lactantes y las mujeres embarazadas, los niños afectados padecen graves consecuencias si no consiguen los nutrientes que necesitan.

La desnutrición aguda es un fenómeno que afecta a 55 millones de niños, de los que 19 millones padecen la forma más letal, la desnutrición aguda severa. Según UNICEF, actualmente la desnutrición está aumentando en 16 países donde la carga de esta enfermedad es elevada. En muchos otros, la situación no avanza hacia lo que sería los Objetivos de Desarrollo del Milenio de reducir la desnutrición a la mitad entre 1990 y 2015. 

Mientras que para combatir el hambre es necesario tener acceso a comida en cantidad suficiente, para luchar contra la desnutrición hay que asegurar alimentos con una calidad nutricional adecuada.  

MSF y ACH piden a los gobiernos y a la Naciones Unidas reunidas en Madrid tres cosas básicas pero necesarias:

1. Tratar a todos los niños que sufren desnutrición aguda severa, la forma más letal, con el tratamiento rico en nutrientes recomendado por NNUU para 2012. Según estimaciones actuales de MSF sólo un 9% de los 19 millones de niños víctimas de desnutrición aguda severa reciben el tratamiento que necesitan. (Estimación basada en la producción total de alimentos preparados ricos en nutrientes que representa 1,8 millones de tratamientos.) 

2. Mejorar los estándares de la ayuda alimentaria internacional así como los programas nutricionales gubernamentales para asegurar que los niños entre 6 meses y 3 años reciben nutrientes esenciales. La mayoría de la ayuda alimentaria distribuida actualmente no responde a las necesidades nutricionales de la primera infancia. 

3. Asignar al menos 2.700 millones de euros inmediatamente y crear un mecanismo global de lucha contra la desnutrición para que los países más afectados tengan el apoyo y los recursos que les permite crear redes nacionales de seguridad nutricional para impedir que los niños lleguen a estadios terminales de desnutrición y asegurar que reciban tratamiento vital cuando lo necesiten.    

 

¡Por supuesto que nos unimos a sus demandas!

(Para que podamos hacernos una idea: 2.700 millones es aproximadamente la veinteava parte de lo que ha timado Madoff y algo así como la trescentésima parte -trescientas veces menos, vamos- que el plan de rescate bancario presentado por Bush a finales del año pasado).

Puedes apoyar aquí con tu firma el llamamiento de MSF contra la desnutición infantil: yo lo acabo de hacer. 

De muchos dólares y algunos euros…

Viernes, Enero 23rd, 2009

Hace unos días leí en El Correo un artículo que me gustó mucho. Trata, con mayor rigor y conocimiento, de un asunto que hemos comentado aquí en alguna ocasión: la diferencia entre los infinitos incumplimientos de los compromisos financieros para la consecución de los Objetivos del Milenio y la celeridad instantánea con la que se consiguen fondos muy superiores para salvar entidades financieras (no discuto que sea necesario o bueno salvar a estas instituciones, sólo llamo la atención sobre la diferencia de respuesta y la relación de prioridades que hay detrás).

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Jesús Ferrero en El Correo

Está escrito por Manfred Nolte, miembro del Consejo de Gobierno de la Universidad de Deusto y colaborardor de Alboan, ONG que, por cierto, tiene abierta una importante campaña de respuesta a la Emergencia Humanitaria en la R. D. del Congo con la que desde aquí os animo a colaborar (por que los ODM significan grandes cantidades de dólares de los gobiernos y grandes instituciones, sí, pero también dependen del pequeño esfuerzo de cada uno de nosotros).

Su web dice:

Desde el pasado mes de agosto, más de 220.000 personas de las provincias congoleñas de Kivu-Norte y Kivu-Sur, fronterizas con Ruanda y Burundi, se encuentran en situación de emergencia tras haber tenido que huir de sus hogares sin agua, alimentos, medicinas y refugio. Los asesinatos, violaciones, saqueos y batallas han provocado la huida y minuto a minuto se agrava la crisis humanitaria de la población civil. En estos momentos, necesitan urgentemente toda nuestra ayuda.

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Cuestión de prioridades…

Martes, Diciembre 2nd, 2008

Hace unos meses comentamos aquí el informe de la FAO en que anunciaba que el número de personas que sufren de hambre había aumentado en ¡50 millones de personas! en 2007.

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Ayer la organización IFPRI presentó un informe en que alerta de que la crisis financiera, crediticia, económica o como quieras llamarla, puede tener gravísimos efectos sobre la crisis alimentaria y aumentara en 16 millones el numero de niños desnutridos en el mundo en los próximos dos años. Yo he leído la noticia esta mañana en El País viniendo a trabajar en metro. 

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Ya hemos escrito aquí varias veces que resulta inadmisible que esta crisis afecte a los compromisos de económicos y políticos para conseguir los Objetivos de Desarrollo del Milenio. No digamos que no hay dinero, hemos visto que si un asunto nos preocupa sacamos dinero rápidamente (ver rescate de bancos o sector automóvil); no digamos que no es el momento (la crisis es una oportunidad para organizar mejor las cosas desde abajo); no digamos que cumpliremos los compromisos cuando vuelva la calma (en los años de vacas gordas no lo hemos hecho). Es cuestión de prioridades: ¿nos parece o no prioritario redudir de aquí al 2015 el número de personas que padece hambre a la mitad con respecto a las cifras de 1990 (primero de los Objetivos de Desarrollo del Milenio)?  

Por cierto, me ha gustado la página de IFPRI y además tiene una buena cantidad de publicaciones en castellano disponible on line

NOTA sobre la foto: © 2008 Charles Musoke en la web de IFPRI.

EL CLUB DE LA MISERIA merecía más

Lunes, Septiembre 29th, 2008

Hoy os voy a comentar un libro sobre pobreza y desarrollo que ha sido polémico, pero que a mi juicio es interesante porque aporta (al menos divulga) elementos útiles al debate y a la práctica.

Es “El club de la miseria. Qué falla en los países más pobres del mundo”, de Paul Collier, editado (muy bien, por cierto) por TURNER

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Tienes un resumen de las ideas del libro, por el propio autor, en este artículo publicado en El País. Te animo a que las leas dado que mi resumen puede resultar sesgado y mi interpretación no siempre será acertada.

Debo adelantar que no estoy de acuerdo con alguna de sus tesis o, más modestamente, no creo que el autor las “demuestre” -o siquiera justifique- tan científica e incontrovertiblemente como él aparenta creer. Sus ideas podrían -precisamente porque son interesantes y útiles- haberse presentado de forma más eficaz, más constructiva y (¿me atreveré a decirlo viendo su currículum y su status en el stablishment oxoniense?) menos simplista. Se me podrá argüir que se trata de un ensayo de divulgación y que su fundamento está sólidamente basado en innumerables publicaciones académicas publicadas por el autor y su equipo a las que se nos remite para mayor profundización. Sin embargo yo estoy convencido de que el ensayo de divulgación no puede coquetear con la simpleza, sino que debe avanzar hacia la sencillez (sin artificios, ostentación o adornos, que expresa naturalmente los conceptos: RAE), que son dos  cosas muy distintas. Siempre, claro está, dentro de los límites que se le atribuye a Einstein haber precisado: “everything should be made as simple as possible, but not one bit simpler”. Y por eso creo que a este autor le son exigibles unas mayores solidez y honestidad intelectual (distinta a la académica) en la presentación y defensa de sus muy interesantes argumentos. Se lo merece su currículum, nos lo merecemos sus lectores y, más importante, se lo merecían las importantes ideas que defiende.

Me parece que ha quedado un párrafo un poco duro, y sin embargo os aseguro que me ha parecido un buen libro, del que se puede aprender mucho y que además se lee con mucho facilidad y gusto.

La primera tesis del autor es que quienes trabajamos o estamos interesados en cuestiones de desarrollo y de pobreza debemos “cambiar el chip”. Estamos acostumbrados a pensar en un 15-20% de la población mundial rica (1.000 millones de personas) y el resto pobre. Sin embargo la globalización ha permitido cambiar las tornas y nos encontramos en un mundo donde el ochentaytantos por ciento vivimos en situación de desarrollo, progreso o riqueza razonables (o en vías de serlo), mientras que el problema real del desarrollo es que hay un grupo de países que se han quedado muy atrás y en el que viven 1.000 millones de personas. Países fundamentalmente, aunque no sólo, del África subsahariana. De ahí el título en inglés “The Bottom Billion” (en adelante BB).

Creo que esta primera tesis es suficientemente consistente y llena de consecuencias útiles como para dedicarle atención y como para presentarla con rigor y bien matizada, algo que el autor no siempre consigue hacer.

El autor no presta suficiente atención a las cuestiones de desigualdad interna dentro de países “no-bottom-billion”, pero en los que cientos de millones de personas viven en condiciones idénticas. Lo cual no tiene porqué afectar a su tesis principal si incorporara una explicación, pero sin un tratamiento adecuado su BB se queda en una operación muy superficial (”países pobres” por ”población” igual a “bottom billion”). Si hubiese sumado en su análisis cuestiones de desigualdad o de políticas económicas o sociales dentro de los países “no-bottom-billion” tendríamos al menos una respuesta a la suerte de los, por ejemplo, 2.500 millones de personas sin acceso al saneamiento. Pero nos quedamos sin esa explicación: esos millones de personas que mueren de hambre o de enfermedades de la pobreza en países “no-BB” no parecen entonces ser un problema que se relacione con la pobreza o el desarrollo. Es más, prestarles atención en el mismo marco que a los BB resulta casi criminal: significa descuidar las prioridades y dañar así al “bottom billion” que es el que verdaderamente necesita recursos y atención.

Hasta ahí resulta discutible, lo cual no es malo, para eso se escribe y se lee un ensayo. Pero el problema es que autor se despacha con quienes puedan opinar distinto de una forma muy peculiar: quienes defienden que el problema del desarrollo y de la pobreza va más allá de los países del “bottom billion” lo hacen por comodidad, son funcionarios de las agencias de ayuda que prefieren ser destinados cómodamente a Brasil o a Indonesia que a los duros, difíciles y peligrosos Haití o Somalia… Responder a argumentos con atribución de intenciones no parece muy sólido, se trabaje en Oxford o en cualquier otro lugar… sin embargo a lo largo de las 300 páginas del libro este supuesto argumento “ad hominem” (contra el que no cabe contrargumentar, te lo crees o no) se repite tres o cuatro veces. Sería como decirle que él defiende que hay que centrar la atención y los recursos en los países del “bottom billion” porque es sobre esos países que él trabaja y su instituto contrata importantes y sustanciosos estudios (subrayo que no creo que este último argumento que me saco de la manga sea veraz ni válido, sólo hago el ejercicio absurdo de argumentar como él hace).

Es muy propio del autor sacar a colación una anécdota ridícula para demostrar una idea o principio general. Por ejemplo: un secuestro se salda con reclamaciones tontas, ergo los conflictos no tienen causas politicas.   

El autor critica el enfoque de los Objetivos de Desarrollo del Milenio por generalizar los objetivos y los destinatarios en lugar de focalizarse en el BB. A mí lo que me parece es que los ODM nos han dado un magnífico instrumento para identificar qué países están cumpliendo y cuáles no (coinciden con los del “bottom billion”, claro) y consecuentemente dónde hay que poner más recursos y atención. Tal vez se trate de tener actitud de sumar o actitud de restar.

En definitiva esta primera tesis -debemos centrarnos en los países que se han quedado atrás- es demasiado importante como para defenderla de una forma tan burda.

La segunda aportación del autor consiste en describir las cuatro trampas que él y su equipo han descubierto que impiden que los países del BB salgan adelante: la trampa del conflicto; la trampa de los recursos naturales; la trampa de no tener salida al mal y tener malos vecinos; y la trampa del mal gobierno en un país pequeño.

No comentaré las cuatro trampas, se haría demasiado largo, y además no quiero aparentar que estas rápidas líneas son una respuesta coherente a este libro -lo cual excede con mucho mis pretensiones y seguramente mis capacidades-. Tampoco os voy a pedir que me sigáis en esta entrada durante demasiados párrafos (bastante mérito si habéis llegado hasta aquí). Comentaré la primera: la trampa del conflicto.

El autor hace estudios estadísitcos en que analiza varias variables para identificar las condiciones que hacen más o menos probable el conflicto. Hasta aquí correcto e interesante.

El autor habría hecho muy bien en ayudarse de la ingente cantidad de trabajo que expertos de otras disciplinas han realizado sobre los conflictos en los últimos 40 años, sin embargo prefiere despreciarlo de un manotazo por entenderlo políticamente sesgado y empezar de cero como si con él empezará el estudio científico y cuantitavo del conflicto. Lo cual suena además a revival un tanto dépassé de escuelas behavioristas de las Relaciones Internacionales - curiosamente muy cercanas a lo inicios de los estudios de conflictos- más propias de los años setenta que de nuestra época. ¿Por qué además tiene el autor la necesidad de desacreditar con brocha gorda el trabajo de las ciencias -o “estudios”, que más da- sociales (¿qué otra cosa es la economía?) sobre el conflicto para defender su trabajo?

Es más si él hubiera presentado su trabajo como una contribución a esa tradición, podría tener mucha validez -si bien no la originalidad que predica-, pero al pretender que unas estadísticas nos explican la complejidad infinita e irrepetible de cada conflicto, pierde mucho rigor.

Pongo otro ejemplo: bien que no haya un relación causa-efecto directa, invitable, automática y proporcionalidad entre falta de libertades políticas y el conflicto o entre sometimiento étnico y conflicto (si hubiese conocido realmente las contribuciones de los estudios para la paz o de lo conflictos, o de la ciencia política o de las relaciones internacionales sobre esta cuestión sabría que eso es algo bien sabido y reconocido, no un descubrimiento suyo supuestamente contra la opinión general de los sesgados y prejuiciados politólogos y estudioso sociales). Bien, ya sabemos que esa relación no es directa, nadie lo pretende, ¿pero desde ahí podemos colegir que no hay relación alguna de ningún tipo entre lo uno y lo otro, sólo porque las estadísticas nos digan que hay muchos conflictos sin esos elementos y hay otros muchos casos en que se dan esos elementos y no hay conflicto? Esas estadísticas o estudios cuatitativos nos pueden decir mucho, pero no les pidamos que digan más de lo que pueden.

En fin, creo que en su superequipo de economistas (todos -no lo dudo- muy listos y capaces) haría bien en incluir a alguien que les ayude con un poco de lógica argumentativa, o un poco de filosofía de la historia o de causalidad política para terminar de redondear sus argumentos y para terminar de sacar todo el jugo, que es mucho, que sus invetigaciones puede aportarnos y que los interesados en el tema sin duda necesitamos.

Una tercera observación rápida. El autor recomienda una agenda para el desarrollo muy significativamente al G8… y no a la ONU. En esa agenda hay ideas muy buenas, pero su focalización en macroinversiones de infraestructura no termina de convercerme. Bien que habrá casos en que resulte útil (e imprescindible, incluso), pero el autor no nos ha explicado justificadamente -más allá de sus prejuicios ideológicos- porqué las cree más útiles para el bienestar de esos mil millones de personas que inversiones de similar cuantía en educación o acceso al agua y saneamiento, por poner dos ejemplos.  

Bueno, esto se me está alargando y os aseguro que esta entrada era para recomendar el libro, que es interesante. Además no pretendo hacer una crítica o reseña completa o si quiera bien urdida del libro (ni aparentarlo), si no simplemente compartir con el valiente que haya llegado hasta aquí (si es que hay alguno agradecería que levantara la mano), algunas ideas que se me han ocurrido al leerlo, sin mayor pretensión que invitarte a continuar: tienes la palabra, you have the floor

Amaadhi amasabe tigamala ndigho

Miércoles, Julio 9th, 2008

Josu me pasa un proverbio del pueblo Soga o Basoga, que en su lengua, el lusoga, dice así: 

“Amaadhi amasabe tigamala ndigho”, lo cual, al parecer, significa que “el agua que se ha mendigado no quita la sed”.

Según la enciclopedia británica el soga es un pueblo de la familia lingüística Bantú que habita el área este del río Nilo, entre los lagos Victoria y Kyoga. Son por tamaño el cuarto grupo étnico de Uganda.

Creo que es una cita adecuada para ilustrar el trabajo que hacemos en materia de agua y por el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, muy especialmente la Meta 10 del Objetivo 7: Reducir a la mitad para el año 2015 el porcentaje de personas sin acceso sostenible al agua potable y al saneamiento básico.

Quiero decir que esa META 10 no la entendemos como un suministro de agua a los sedientos o a los pobres en situación pasiva de receptores (eso “no quita la sed” de verdad, en palabras sogas), sino como unos pueblos, comunidades, organizaciones y personas que, acompañadas y ayudadas por la comunidad internacional, se empoderan para ejercitar y disfrutar de su Derecho Humano al acceso al agua potable y el sanemiento en el marco de su contexto ecosistémico.

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Inaceptable 1: ¡El hambre en el mundo aumenta!

Viernes, Julio 4th, 2008

Seguimos empeñados en defender que es posible, que somos la primera generación capaz de acabar con la pobreza extrema y el hambre y que lo vamos a lograr, que los Objetivos de Desarrollo del Milenio están para ser cumplidos, que como ciudadanos del mundo no vamos a permitir que se incumplan… y ayer el Director General de la FAO intervino ante el Parlamento Europeo para decir en la casa de la incipiente soberanía popular europea -si la soberanía popular europea no se torpedea a sí misma como en Francia o Irlanda, claro- que la cifra de personas que pasan hambre en el mundo…¡aumentó el año 2007 en 50 millones!

Efectivamente: es NUESTRA RESPONSABILIDAD.

Martes, Abril 29th, 2008

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Sí, es nuestra responsabilidad, la tuya y la mía.

UNICEF del Reino Unido ha publicado hoy mismo, coincidiendo con el décimo aniversario de la ratificación británica del Protocolo de Kyoto, un informe que debería ser de lectura obligada para todos, dado que se trata de un asunto que a todos nos afecta y ante el que todos debemos reaccionar.

Se titula “Our climate, our children, our responsability” (”Nuestro clima, nuestros niños, nuestra responsabilidad”, por cierto animo a la sección española de UNICEF a que considere su traducción al castellano, la adaptación de las conclusiones al caso español y su difusión).

El informe insiste, como en su día hizo el Informe de Desarrollo Humano 2007-2008 del PNUD (informe también de lectura muy recomendable), en que quienes menos han contribuido al cambio climático, quienes menos han emitido, los niños pobres del mundo, serán quienes más caro, más duro, más cruelmente van a pagar -están en algunos caso pagando ya- los efectos del cambio climático.

Nosotros tenemos medios para, mal que bien, adaptarnos a la gravedad de la amenaza, pero otros no tienen la misma suerte. Los cambios en temperaturas y precipitaciones, tendrán -en algunos caso tiene ya- efectos en la agricultura, los ecosistemas, el acceso al agua y el saneamiento, la salud, la pobreza, el disfrute del derecho a la educación (especialmente entre las niñas, con lo cual tenemos otro efecto asociado en desigualdad y discriminación) y la vivienda…

El informe, avalado entre otros por Lord Nicholas Stern, el autor del Informe que lleva su nombre, aporta datos estremecedores:

- entre 40.000 y 160.000 niños podrían morir al año por el aumento de la pobreza asociado al cambio climático en Asia y África. 

- el aumento de 2º de temperatura puede aumentar el número de personas que sufren hambre en 30-200 millones de personas, y un aumento de 3º, en 550 millones.

-  la malaria puede matar a 800.000 niños más al año, los casos de diarrea pueden aumentar de un 2 a un 5 %.

Este informe recuerda que todo esto no es algo lejano: tiene que ver con lo que tú y yo vamos a hacer con nuestras emisiones, con nuestras atención o desinterés por el fenómeno, por la exigencia a nuestras instituciones políticas, sociales, empresariales, de todo tipo…

Podemos hacer mil cosas, te doy ideas: ¿eres socio de una ONG medioambietal (Greenpeace, ADENA/WWF, tienes varias… la que más te guste) o de transformación y justicia en el mundo -cualquiera de las que pertenencen a las coordinadoras de ONGs, la misma UNICEF-?, ¿te has interesado por tus emisiones y cómo reducirlas?, ¿por el origen y procesos de lo que compras o consumes?, ¿te importa si tu supermercado habitual tiene productos de agricultura ecológica o de comercio justo, y los consumes a pesar de que en algunos casos puedan costar unos duros más?, ¿te has interesado por cómo afrontan la cuestión -mitigación, proyectos de compensación, etc.- las instituciones de todo tipo las que eres parte y puedes influir?…Me temo que, además de lamentarnos y de echar la culpa -justamente- a los poderosos del mundo, tenemos otras muchas cosas que ir haciendo. 

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¡Ojo con los ojos! (Sobre los ODM)

Viernes, Abril 11th, 2008

Carlos Taibo, gran experto en cuestiones internacionales (sobre todo Europa del Este y las repúblicas exsoviéticas) al que respeto mucho, ha publicado un artículo en los medios del grupo Vocento que, la verdad, esta vez no me ha parecido muy constructivo. Se titula “Ojo con los Objetivos del Milenio”.

A él los Objetivos del Milenio le “merecen una consideración crítica”: tanto por la modestia de su alcance, como por no ser una alternativa a las instituciones del Bretton Woods, como por no estimular la movilización popular. Remito al artículo para evitar que mi resumen lleve a interpretaciones sesgadas que no estén en el original.

Yo, sin embargo, no entiendo los ODM como un techo: los veo como la base sobre la que muchos trabajamos juntos pero sin renunciar nadie a nada (y, aún limitadas en su modestia, es difícil que se vayan a cumplir). Bueno fuera que pudiéramos alcanzar las Metas en el año 2015 y a partir de ahí ponernos otras nuevas, de nuevo medibles y con plazos, para el siguiente decenio

Los ODM no son una alternativa a las políticas del Banco Mundial, FMI, OMC, etc. ni lo son ni lo quieren ser. No pretender constituir una ideología político-económica, afortunadamente. Eso hace que puedan buscar la complicidad de distintos sectores y actores que se sumen (estados, organismos internacionales, ONGs, universidades, movimientos sociales, ayuntamientos, parlamentos regionales, etc). Los ODM no tienen la respuesta cierta para todos los problemas del mundo (¡qué miedo si lo pretendieran!) pero son un paso adelante exigible (+Monterrey). Los ODM, no son patrimonio de una ideología. Los ODM no nacen para jubilar a la política, son un instrumento para la política.

Tampoco que creo que pueda defenderse con apego a la verdad que la Campaña por los ODM no haya buscado la movilización y alianza con otros movimientos, actores y campañas (se podrá discutir si lo ha hecho acertadamente, si nos gustan o no sus campañas o inciativas). Ver por ejemplo campaña en España.

En fin, yo no veo la “dramática simplificación” en los ODM (tocan salud, mujer, agua, educación… y cada uno de esos temas nos lleva tan lejos, y por tan diversos caminos, como queramos) sino en los ojos que los miran diciendonos ¡ojo!.

Pero, bien mirado, puedo concluir que estoy de acuerdo con Taibo: los ODM no son suficientes (ni lo pretenden) y no constituyen un programa social, económico y político (ni lo pretenden). A partir de ellos hay que seguir haciendo política y construyendo sociedad. Bien, una vez que lo hemos recordado y estamos todos de acuerdo, ¿nos ponemos a trabajar por ese mínimo común que constituyen los ODM?