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Gizarteko birgaitzea  >  Mitch ondorengo birgaitzea: Nikaraguako esperientzia psikosoziala

GUERRA Y DESARROLLO:
LA RECONSTRUCCIÓN
POST-CONFLICTO

Edita: UNESCO ETXEA
Coordinadores: Dominic Wyatt y Dominique Saillard
Editor: Gonzalo Romero de Loresecha
Colaboradora: Keltse Elorrieta Puyuelo
ISBN: 84-931998-9-3 [2001]
Precio: 10 euros (envío incluído)
Pedidos: r.iniguez@unescoetxea.org

 

 

RECONSTRUCCIÓN POST-MITCH: LA EXPERIENCIA PSICOSOCIAL DE PUNTOS DE ENCUENTRO EN NICARAGUA

 

por Martha Ericka Martinez

 

Mi intención con esta ponencia es compartir nuestra experiencia con Puntos de Encuentro en cuanto a la creación de soportes sociales, la movilización de comunidades para obtener apoyos y la negociación y resolución de conflictos, todo eso como pasos previos y fundamentales para poder iniciar el proceso de reconstrucción tras un desastre, que en nuestro caso concreto fue provocado por el huracán Mitch en octubre de 1998. Además, también trataré de explicar cómo una guerra, oficialmente terminada, puede dejar una sólida huella en la memoria y los cuerpos de quienes la padecieron, hecho que pudimos constatar personalmente. En este sentido, nos parece determinante que en todo proceso de reconstrucción nacional se integre en los programas de trabajo el enfoque psicosocial y la salud mental de la población, y que las organizaciones de cooperación, el gobierno y la sociedad civil dirijan también sus esfuerzos hacia el desarrollo de esta tarea.

Este proyecto, que para Puntos de Encuentro surgió como algo extraordinario, en un contexto de emergencia nacional, ha avanzado en un análisis y una conceptualización que integra la totalidad del trabajo que venimos realizando, los cambios surgidos hacia fuera también tuvieron resonancia hacia adentro, constatando la relevancia que implican los desastres provocados por las guerras, los enfrentamientos, los huracanes, los maremotos...

 

¿Qué es Puntos de Encuentro?

La fundación Puntos de Encuentro es una organización feminista que desarrolla su trabajo en el terreno de la comunicación, la investigación y la educación, y que está integrada por un equipo multicultural y multidisciplinario de mujeres y hombres, adult@s y jóvenes, con diferentes preferencias sexuales y condiciones sociales.

El trabajo de esta fundación trata de contribuir al desarrollo integral de las personas, basándose en el principio de diversidad con equidad, que hace posible la autonomía física, sexual, económica, cultural y política de mujeres y jóvenes nicaragüenses, tanto a nivel individual como colectivo. De esta manera, las actividades de Puntos de Encuentro se dirigen hacia los siguientes objetivos:

  • La construcción y el fortalecimiento de movimientos sociales e instancias de coordinación que desarrollen su trabajo en el ámbito de las mujeres, l@s jóvenes, la lucha contra la violencia y la potenciación de las relaciones entre la sociedad civil y las ONG.

  • La producción de medios de comunicación y divulgación propios que faciliten el intercambio de información entre grupos, y que permitan a Puntos de Encuentro impactar en la opinión pública, para poder crear un clima favorable para la promoción de los valores y los cambios que promueve.

  • Recientemente, la fundación ha incorporado un elemento nuevo que articula y da consistencia a estas estrategias de actuación, en los términos de resultados y principios que sustentan su trabajo. Este elemento, llamado "construcción de soporte social", hace posible el ejercicio de los derechos humanos y la pervivencia de los cambios logrados -tanto a nivel personal, como comunitario y social- además de conferir a Puntos de Encuentro la capacidad de denunciar las violaciones de derechos.

L@s que trabajamos en esta fundación creemos que el cambio social es resultado de la acción colectiva, por eso los movimientos sociales son claves para fomentar el cambio político. Así, el trabajo de Puntos de Encuentro está concebido para fortalecer estos movimientos sociales. En particular, nos interesa construir alianzas entre los diferentes grupos que integran estos movimientos. No pretendemos organizar a la gente ni a las comunidades, lo que buscan los programas que llevamos a cabo es apoyar a los grupos de base nacionales, ya sean grupos culturales juveniles, colectivos de mujeres, asociaciones profesionales o incluso albergues para mujeres maltratadas. La fundación trata de potenciar su capacidad para fomentar el cambio social en sus comunidades, así como incrementar sus posibilidades de coordinación con otros grupos y organizaciones nacionales.

Como miembro activo de estos movimientos sociales, Puntos de Encuentro promueve el análisis de la realidad con una perspectiva de género y generacional, y también con una cultura organizativa y política de democracia interna basada en la diversidad con equidad. Además, contribuye a cuestionar las estructuras y jerarquías elitistas o excluyentes, y ayuda a desarrollar e implementar mecanismos de comunicación y coordinación que faciliten una amplia participación y un liderazgo colectivo.

Esta labor resulta particularmente relevante después del huracán Mitch, dado que ahora Nicaragua tiene la oportunidad de convertir esta tragedia en una oportunidad para construir una nueva nación. Pero esto sólo será posible si los movimientos sociales ocupan un lugar en la mesa de negociaciones con el Gobierno y la comunidad de donantes, participando en los planes de reconstrucción y desarrollo del país. Por esta razón Puntos de Encuentro está invirtiendo grandes esfuerzos en la consolidación de la Coordinadora Civil para la Emergencia y la Reconstrucción, la instancia de coordinación más grande que ha surgido en los últimos años, y que actualmente goza de reconocimiento y legitimidad a nivel nacional e internacional.

En este marco de trabajo institucional a nivel global es importante explicar brevemente la historia del programa, el contexto en el que surge, las lecciones aprendidas y las aspiraciones que se tienen.

El Mitch, uno de los huracanes más fuertes que han azotado Centroamérica en los últimos años, estuvo causando estragos entre las familias nicaragüenses durante más de dos semanas. El 30 de octubre de 1998, uno de los costados del volcán Casitas sufrió un deslave que provocó la muerte de más de 1.500 personas y afectó a más de 3.200. Según las cifras del Comité de Emergencia Nacional murieron en todo el país 3.045 personas, pero el número de personas damnificadas ascendió a 867.752 personas, con una mayor concentración de daños y muertes en el departamento de Chinandega. En orden de daños le siguieron las zonas rurales de León, Estelí y Matagalpa. Se estima que el 47% de la población afectada eran personas menores de 18 años

La pobreza que ya existía en el país, en particular en las poblaciones de las zonas rurales, fue notablemente incrementada por el huracán. La inestabilidad económica de los hogares se hizo más evidente al perder las familias sus viviendas y medios de producción de consumo y comercio.

En estas circunstancias, cuando la ayuda internacional y la solidaridad del propio pueblo nicaragüense se hicieron presentes, se dio un énfasis excesivo a las tareas de reconstrucción de tipo material: suministro de alimentos, medicinas, ropas, preparación de instalaciones de acogida, rehabilitación de las vías de comunicación y las viviendas de los afectad@s. Todo esto era muy importante, pero no nos parecía suficiente, dado que se estaba obviando la subjetividad de las personas, las emociones, las vivencias... no se contemplaba un proceso paralelo de reconstrucción emocional. Este vacío y nuestra intuición suscitó la formulación de preguntas en el ámbito de la CCER, acerca de la situación de las mujeres, l@s niñ@s y jóvenes en los refugios: ¿Qué pasaba con la distribución de la ayuda? ¿Y con la violencia y la discriminación vividas en la cotidianeidad de las comunidades afectadas?

Estas preguntas tienen su origen en la experiencia de trabajo cotidiano de Puntos de Encuentro. Académicas del ámbito del desarrollo estiman y prevén que cuando ocurren desastres, la asignación de recursos y la atención se realizan de una manera estandarizada, como si todas las personas fuesen la misma. Ante esta forma de actuación se propone hablar de los riesgos y tratar los desastres como algo peculiar, como eventos que necesitan su propio enfoque especial y segregado de la vida de las personas.

En tanto en cuanto los desastres suceden en sociedades regidas por relaciones de poder, de género, edad, clase social... los efectos de un desastre también dependerán de estas relaciones y, de esta manera, diferentes personas experimentarán los desastres de distinta forma. Los informes que daban cuenta de los daños físicos y hacían una estimación en pérdida de vidas humanas, también incluían la aparición de situaciones de violencia hacia las personas acogidas en los lugares pensados como refugios, la desasistencia de las necesidades psicoafectivas y la distribución de trabajo con roles estereotipados para las mujeres, los hombres y las y los jóvenes.

En este contexto de emergencia se creó el programa psicosocial, para encargarse de la recuperación emocional de las personas afectadas por el desastre y para fortalecer la capacidad de Nicaragua para atender la salud mental individual y colectiva, tomando en cuenta la forma en que la edad, el sexo y otras condiciones sociales hacen que las experiencias vividas sean diferentes. Esto supuso un acercamiento nuevo para Puntos, dado que conllevó la realización de trabajo directo con las personas y organizaciones de las comunidades más afectadas, no sólo por el desastre en sí, sino también porque anteriormente habían sido escenarios de conflictos bélicos, y se caracterizan en su mayoría por una alta polarización política, por la desconfianza y la desesperanza, que junto con la situación de pobreza extrema, el desempleo, la migración, la violencia y otros males sociales provocan que las heridas pasadas y presentes aún estén abiertas.

Nos encontramos con comunidades donde había estructuras organizativas emergentes y coyunturales que estaban desbordadas en la atención y asistencia física a las y los afectad@s, con comités de emergencia creados para el rescate, búsqueda y salvamento de personas, con refugios para personas damnificadas que carecían de medios de apoyo emocional, donde sólo se oían expresiones tales como: "ya pasó todo de que lloras", "olvídate o te vas a volver loca", "aquieten a esos chavalos que andan como locos"... También nos encontramos con mucha gente valiosa de la propia comunidad queriendo ayudar, y con la necesidad de saber cómo podían hacerlo de la mejor manera posible. En este sentido, desde lo poco que sabíamos sobre intervención en desastres y con todo lo que habíamos leído en libros especializados fuimos aportando nuestra ayuda a estas personas y organizaciones. En el proceso se reavivaron los recuerdos de l@s profesionales que vivieron el terremoto de 1972 que devastó Managua, recordaron las cosas que entonces habían servido de ayuda, y todas las que creyéndose positivas para los/las afectad@s luego se revelaron como negativas. El equipo de campo estuvo formado por seis psicolog@s, cinco mujeres y un varón, a cargo de Bilma Castillo, psicóloga fundadora de Puntos. A partir de los conocimientos y experiencia de los miembros del equipo se estableció un enfoque psicosocial que implicaba:

  • Compartir una visión de la subjetividad humana, incluidas las percepciones que tiene la gente sobre el control de su vida y de su entorno, como algo socialmente construido, y no como algo históricamente dado o surgido de forma natural.

  • La adopción de una posición crítica de las relaciones de poder en los distintos ámbitos de la vida, público y privado, en razón de distintas condiciones: generacional, género, clase social, raza, discapacidad, preferencia sexual...

  • Compartir una posición crítica y un análisis histórico de la realidad y de las relaciones interpersonales en un sistema social jerarquizado.

  • Asumir la visión de que cada persona con la que tratamos es protagonista, autora y actora de su propia realidad.

  • Compartir una posición y un análisis que conlleva que las limitaciones y deficiencias, así como las capacidades y recursos personales e institucionales, son hechos socialmente construidos a partir de condiciones sociales concretas.

  • Establecer una visión que analice las consecuencias de la pobreza y la violencia (en todas sus manifestaciones y a partir del abuso de poder basado en cualquiera de las condiciones sociales arriba mencionadas) en la psicología individual y en las relaciones interpersonales.

  • Desarrollar métodos que conduzcan a la toma de conciencia a favor de la autoestima, el cuidado de uno mismo y la responsabilidad individual.

  • Aceptar que la multidisciplinariedad en el enfoque y el abordaje de los problemas y en la construcción de las soluciones es una necesidad, en un mundo donde las responsabilidades individuales y colectivas son parte de una misma solución.

  • Tener acciones de abordaje y estrategias que apoyen, profundicen y refuercen la actuación organizada, que las comunidades y organizaciones locales, como protagonistas, lleven a cabo para analizar, mejorar y transformar su propia realidad.

  • Tener conciencia que nuestro enfoque cuestiona "la objetividad y neutralidad de las ciencias, el conocimiento y los métodos". Y que, igualmente, cuestiona los poderes institucionalizados, ya sea en la vida pública -como el Estado, las organizaciones...- o en la vida privada -el hombre, el esposo, la madre...-.

  • Contar con personal comprometido, capaz de establecer juicios críticos sobre la realidad y sobre la marcha de los procesos en el aprendizaje del marco teórico que utilizamos, y de las disciplinas implicadas en nuestros programas.

  • Aceptar que el personal a cargo desarrolla una visión de su papel en la deconstrucción de las ideologías que subyacen y sustentan las relaciones de opresión, discriminación y exclusión, con las personas con las que trabaja.

  • Asumir que en la institución tenemos el compromiso de realizar nuestro trabajo yendo de la realidad a la conceptualización y de ahí nuevamente a la realidad.

En gran medida, este proceso nos enseñó que puede haber formas sencillas para ayudar a recomponer una situación vivida o que, por el contrario, podemos hacer más daño sin ni siquiera tener conciencia de ello. Hemos compartido saberes, sabores y sinsabores. Encontramos en el camino muchas manos amigas que nos ofrecieron su experiencia y su metodología, como la Fundación Neo Humanista de Colombia, con el Dr. Gilberto Brenson y María Mercedes Sarmiento a la cabeza, quienes sustentados en la experiencia traumática que supuso Armero, y teniendo ya un camino recorrido, compartieron diversas modalidades que pueden adaptarse en la realidad comunitaria, desde un enfoque constructivista, que permitiera facilitar la recuperación emocional de las personas desde sus vivencias, desde sus redes naturales en la comunidad, facilitando la labor de restablecer los caminos y las esperanzas perdidas.

Puntos de Encuentro cuenta también con un sistema de capacitaciones específicas para profesionales nacionales, y organiza cursos sobre intervención en crisis, primeros auxilios emocionales en situaciones de desastre para personal involucrado en las actividades de rescate, búsqueda y salvamento; sobre terapias creativas para personal que trabaja con niñ@s y adolescentes, impartido por La Asociación Mexicana para Ayuda Mental en Crisis; sobre la técnica de Desensibilización y Reprocesamiento a través de movimientos oculares EMDR, impartido por el Dr. Jonh Hartung y la Dra. Bárbara Zelwer; sobre Resiliencia, Escucha Empática y Grupos Operativos, impartido por la Maestrante Silvia Ochoa Rivero, especialista en Psicología Comunitaria e Intervención Sistémica Familiar. Todos estos cursos surgieron como respuesta a la demanda de un segmento importante de profesionales, que aunque no estaba directamente en las comunidades, sino en los centros de salud o proyectos de la OPS, necesitaban de forma urgente herramientas prácticas para la atención y seguimiento de la recuperación emocional de muchas personas.

El equipo de Puntos de Encuentro dio prioridad al trabajo en grupo, teniendo en cuenta la diversidad y la demanda desbordante del momento. En otras ocasiones, el equipo acompañó y dio seguimiento particular a personas en situaciones concretas que así lo requerían; también se trabajó en el tema del traslado de información y habilidades a través de capacitaciones con promotor@s, líderes comunales y equipos técnicos de las organizaciones disponibles, diferentes en sus quehaceres y vínculos con la comunidad.

La experiencia de formación se organizó para construir un concepto de desarrollo que incluyera el análisis de las consecuencias de la violencia, la pobreza, los desastres naturales y los pequeños o grandes hechos traumáticos de la vida cotidiana, dentro de la vida de las personas y los grupos de población. Así, aportó insumos y herramientas psicosociales para que en su propia realidad las personas comunes -no los profesionales de la salud mental- pudiesen ofrecer una respuesta consciente a la gente con la que trabajaban en ese momento y a sus familias.

A partir de nuestra experiencia en el trabajo con jóvenes y adult@s, donde reconocemos las diversas formas de exclusión social y conformamos alianzas en un proceso que valora la diversidad, aprecia y no desprecia la diversidad, retomamos algunos supuestos metodológicos en los que nos basamos para poner en práctica nuestro trabajo.

Uno de ellos consiste en que una escucha activa, basada en la empatía y una relación sistemática y desinteresada puede facilitar el recuerdo y la asimilación de hechos traumáticos. Asimismo, puede facilitar vías para establecer una autovaloración positiva, aun cuando el entorno inmediato no sea el más favorable. Otro supuesto metodológico consiste en que cualquier persona comprometida -sin obstáculo personal o institucional- puede:

  1. Comprender cómo funcionan algunos procesos subjetivos de la vida cotidiana en las relaciones interpersonales, y su dinámica en relación con sentimientos, emociones y conductas.

  2. Vincular este conocimiento con prácticas que tienen una base teórica y técnica que ayudan a desatar nudos y dirigir los malestares por otros cauces de la subjetividad, hacia nuevos proyectos personales o, simplemente, hacia la reflexión sobre recuerdos, casi olvidados, que a pesar de no hablar de ellos están muy presentes en la vida cotidiana y en las relaciones laborales y familiares.

Los que formamos parte de Puntos de Encuentro aprendimos también que en nuestra experiencia de trabajo con jóvenes necesitamos acciones colectivas organizadas en la diversidad desde lo local, donde mucho de lo que empezamos a hacer descansaba sobre las organizaciones y el liderazgo comunitario. Estas reflexiones provocaron en la práctica la movilización de distintos actores de la sociedad civil en las instancias en las que participamos, que asumieron el reto (como la Red de Mujeres contra la Violencia y la Coordinadora Civil para la Emergencia y la Reconstrucción) y trabajando junt@s pudimos elaborar nuevas propuestas, con las personas como centro de las intervenciones, para la reconstrucción del país a través de una perspectiva sin exclusiones de ningún tipo, mucho menos por motivo de afiliaciones políticas (como sucedió en muchos casos con la atención de emergencia). Así nació una comisión psicosocial que enfatiza el trabajo con mujeres, integrándolas en las mesas de trabajo temático en la CCER.

Para Puntos, los resultados de esta experiencia han configurado un escenario de trabajo que evidencia el fruto de esfuerzos dedicados al fortalecimiento de los movimientos sociales de los que forma parte, promociona el establecimiento de vínculos y facilita el aprendizaje retomando y compartiendo las lecciones aprendidas.

Actualmente, Puntos de Encuentro está inmersa en la búsqueda de recursos estables en las comunidades, para que éstas sean capaces de proporcionar un soporte emocional a las personas que resultan afectad@s por los problemas sociales de su comunidad. Además, también trabaja para formar una cultura de prevención que active las redes autóctonas de cada municipio, potenciando la capacidad local existente, que, en definitiva, conforma el soporte social de las reflexiones y acciones donde l@s autores, actores y protagonistas de la película son la propia gente.

Personalmente, pero también a nivel institucional, en Puntos de Encuentro estamos convencid@s de que la creación de alianzas a partir del reconocimiento y respeto a la diversidad y de la empatía entre los diferentes sectores que sufren o han sufrido algún tipo de discriminación y opresión es una estrategia eficaz, que nos va a permitir construir un proceso amplio que permita promover cambios sociales integrales. Nuestro país cuenta con una experiencia rica en organización y acción colectiva, que supone una magnífica oportunidad para potenciar y fortalecer las alianzas propuestas, para poder avanzar hacia un desarrollo que armonice la vida de las personas, sus relaciones y su entorno en una cultura de paz para tod@s.

 

Martha Erica Martínez: Trabaja en el Programa Psicosocial de la Fundación Puntos de Encuentro. Ha participado en temas de coordinación de la Comisión Psicosocial de Red de Mujeres contra la Violencia y en la mesa de trabajo de la Coordinadora Civil para la Emergencia y la Reconstrucción. Trabaja en cuestiones de liderazgo entre mujeres, historia del feminismo, negociación y resolución de conflictos, técnicas antiestrés y formación de facilitadores/as de recuperación emocional.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



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