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GUERRA Y DESARROLLO:
LA RECONSTRUCCIÓN
POST-CONFLICTO

Edita: UNESCO ETXEA
Coordinadores: Dominic Wyatt y Dominique Saillard
Editor: Gonzalo Romero de Loresecha
Colaboradora: Keltse Elorrieta Puyuelo
ISBN: 84-931998-9-3 [2001]
Precio: 10 euros (envío incluído)
Pedidos: r.iniguez@unescoetxea.org

RECONSTRUCCIÓN POST-CONFLICTO
Y LA INTERVENCIÓN DE TERCEROS

por Luis Enrique Eguren

El tema central que vamos a abordar es la intervención de terceros, intervención concertada y aceptada por algunas o todas las partes en el seno del conflicto. Pero antes quisiera entrar en el marco general de la reconstrucción post-conflicto, y permitirme el lujo de desmontar tres conceptos, para después poder reconstruirlos.E

Lo primero que hay que decir es que no hay actuación en reconstrucción que no esté condicionada por los intereses de las partes que, de un modo u otro, tuvieron un rol durante el conflicto, y que posteriormente participan en la reconstrucción. Esto es un hecho basado en la realpolitik, en las relaciones internacionales que imperan en el mundo, y no podemos olvidarlo. No se puede hablar de reconstrucción o de construcción, de rehabilitación o de paz sin perder esta perspectiva de que la misma comunidad internacional que está, de una manera u otra, en la gestación del conflicto, está también en la reconstrucción. Y esto nos da un sesgo del que no podemos salir. Es importante destacar la influencia de las nuevas macroeconomías vinculadas a las actividades ilegales (el narcotráfico, el tráfico de piedras preciosas, etc.), pero quisiera también sumar a éstas las actividades legales, como por ejemplo, el tráfico de armas o el comercio del petróleo, que enmarcan directamente las crisis económicas nacionales e internacionales. O sea, que como punto de partida asumimos que no hay una intervención neutral, que nadie tiene un papel neutral, y a partir de allí avanzamos.

El segundo punto que querría desmontar representa una posición: no podemos hablar de reconstrucción desde afuera. A veces, creo que nos ponemos un poco demasiado por encima de las cosas: si el conflicto se soluciona o hay una reconstrucción post-conflicto es porque la gente del conflicto o del país lo hace. Desde fuera, las personas podemos intentar aportar algo –o bien representar un obstáculo-, pero la raíz de la solución, de la reconstrucción está en la gente. Y ahí interviene el concepto clave de protección, que es fundamental para hacer posible que la gente reconstruya sus espacios.

El tercer punto a desmontar es una línea de tiempo. Aunque conceptualmente es correcto hablar de peace keeping, o mantenimiento de la paz, peace making, o establecimiento de la paz, y peace building, o construcción de la paz, todos estos procesos hilvanados en una línea de tiempo (primero parar las hostilidades, después negociar la paz y luego reconstruir), esto puede resultar engañoso. Asistimos a un conflicto, intentamos parar la pelea, intentamos reconstruir. Pero esta es una política de "espectadores", porque ¿qué pasa si nos planteamos que la construcción de la paz es una actividad que tiene que empezar durante el conflicto? Porque no hay un antes o un después, el conflicto es permanente cuando es estructural o de largo plazo. Entonces se trata de imaginar la reconstrucción post-conflicto desde dentro del conflicto. Y por tanto, desde la perspectiva de la aportación de terceros, todo proceso de reconstrucción post-conflicto debe empezar durante el conflicto mismo. Por motivos éticos, pero también por motivos políticos y prácticos, no podemos esperar a que el conflicto acabe para después actuar. Cualquier actuación que se realice y se integre antes es trabajo adelantado, que previene ante empeoramientos de la situación y posibles daños, y que abre la posibilidad de que se pueda hacer algo más después.

Y, desde luego, tenemos que incluir también entre las actuaciones que tienen lugar durante el conflicto las de mantenimiento de la paz (peace keeping). Es útil que haya una labor de interposición (por ejemplo, cuando ha habido un acuerdo de paz o negociaciones de paz entre dos partes armadas); pero también es importante, indudablemente, que el mantenimiento de la paz se extienda en forma de protección a aquellos actores sociales que son sistemáticamente atacados por los actores armados en el conflicto, porque esa gente es la semilla, es la realidad, es el tejido que hace posible cualquier reconstrucción. Si no contribuimos a su protección durante el conflicto, después podemos hacer monumentos a la reconstrucción de las víctimas y demás, pero se habrá perdido una capacidad fundamental para la reconstrucción.

Una vez hechas estas reflexiones, y a la hora de entrar en el tema, yo prefiero hablar de reconstrucción de la paz, en lugar de reconstrucción post-conflicto, por varias razones. Porque es una utopía necesaria que siempre nos alimenta un poquito, y porque la reconstrucción de la paz es un concepto más incluyente, abarca más que la reconstrucción post-conflicto. No se trata de recuperar lo de antes, porque las partes no lo querían (por eso estaban en conflicto). Queremos un abordaje que permita participación, solución política, que la gente salga de la pobreza a la que se ve sometida y que se cree una sociedad más justa, con una paz sostenible y duradera. Si queremos esto, tenemos que apuntar hacia ello y no quedarnos en tener una cosita chiquita, para que todo siga como antes, porque son las raíces con las cuales se va a estructurar otro conflicto, dentro de 5, 10 o 30 años. Si no utilizamos la oportunidad para abordar las causas estructurales del conflicto, va a ser imposible una reconstrucción real y una paz sostenible.

Así que volvemos al tema previo: es difícil plantear la reconstrucción sin ver que, en sí misma, la reconstrucción también incorpora un conflicto de intereses, y su entramado probablemente es similar al entramado vigente cuando se inició el conflicto armado, porque la comunidad internacional sigue siendo la misma que entonces. Por ello, me atrevería a decir que algunos de los gobiernos que mantienen una hegemonía de poder en el mundo, a nivel global o regional, no estarían muy contentos de asistir a una reconstrucción post-conflicto en la cual la gente se hace con una democracia ampliamente participativa (se apropia del poder), y desde la que se pueda criticar el comercio de armas, la explotación Norte-Sur y el papel de los gobiernos hegemónicos.

En toda reconstrucción post-conflicto hay muchos intereses en contra; es decir, se pretende construir una sociedad participativa, pero "con cuidado", que no intente subvertir el status quo. Por eso, tenemos que ver que este mismo conflicto también se manifiesta en el interior de cualquier actividad de reconstrucción o construcción de la paz, y se manifiesta de muchas maneras: desde la falta de fondos para actuaciones fundamentales en reconstrucción (no se encuentran fondos por cuestiones evidentemente políticas), hasta la competencia que se establece entre agencias humanitarias por trabajar en el terreno. No es la norma, pero es una realidad, y representa otra manifestación de ese conflicto de actuación en la intervención de terceros.

En conjunto, y sin querer pintar un panorama demasiado negro, creo que la construcción de la paz es, con una frase ya hecha, "el arte de lo posible", siendo "lo posible" realmente muy limitado, pero posible, y es un "arte" porque hay que hilar tan fino y tejer tanto que resulta ser casi una recreación, siempre dentro del corsé de los conflictos vigentes (a nivel interno y externo), y siempre pensando que desde fuera se pueden hacer aportaciones, pero sin olvidar que los actores locales son los únicos que en definitiva pueden encontrar soluciones y reconstruir.

Llegados a este punto, quisiera centrarme en los roles de terceros. Cuando hablamos de la aportación de terceros en cuanto a la reconstrucción de la paz durante el conflicto y después de los acuerdos de paz, hablamos de "la incapacidad de uno y la imposible capacidad de muchos". O, en otras palabras, "uno no puede y muchos no se arreglan". Está claro que un único actor externo no puede (ni debe) asumir toda la aportación externa para construir la paz en un conflicto. También es otro hecho que, generalmente, los múltiples actores externos que intervienen carecen absolutamente de integración y de coordinación en su actuación y muchas veces llegan a chocar entre sí. No hay una coordinación integradora, no hay un espacio general dentro del cual se puedan integrar las actuaciones. Y cuando en algunas ocasiones llega a haber "embriones" de este espacio de coordinación, tales espacios carecen generalmente de integración con las estructuras locales y con la sociedad local; es decir, no es la gente la que está, sino las ONGs internacionales o las organizaciones internacionales.

Éste es, por tanto, uno de los primeros desafíos para los terceros intervinientes. Sería necesario intentar integrar múltiples actuaciones: desde ayuda humanitaria hasta actividades de mantenimiento de la paz, conversaciones de paz, diplomacia alternativa de segunda vía, diplomacia pura y dura de gobiernos con sus propios intereses (también), mediación informal, proyectos de desarrollo, etc. Generalmente, cada actor externo está vinculado a uno solo de estos campos, y sin embargo, es necesario que se tomen decisiones estratégicas que permitan abordar el conflicto de modo amplio y flexible (un contingency approach), para poder incluir y adaptar diferentes actuaciones en las distintas fases del conflicto, evolucionando en el tiempo según las necesidades vigentes en cada momento. Y siempre sin perder de vista que estas actuaciones han de ser sostenidas en el tiempo, y han de integrarse estrechamente con las iniciativas locales. Pero esta intervención amplia, integrada y flexible no existe, y es por tanto una utopía; aunque no por eso debe que dejar de estar presente como una asignatura pendiente.

Este abordaje contingente no puede, ni debe, olvidar los aspectos objetivos y subjetivos del conflicto. Los aspectos objetivos pueden estar claros: por ejemplo, hacen falta mil casitas y hacemos mil casitas, pero quizá no consigamos que la gente ocupe esas casitas, porque no estamos abordando las necesidades subjetivas de la población. El tema de género es la variable más grande que influye aquí, pero hay otras variables: variables de relaciones interétnicas o de relaciones entre grupos de población en general (a veces entre vecinos), que son fundamentales para pensar en reconstruir. Cualquier abordaje tiene que tener en cuenta estos aspectos subjetivos, que son los realmente difíciles de evaluar, aunque no por ello menos importantes.

Además, cualquier abordaje del conflicto debe incluir fundamentalmente el tema de la protección, que es un tema olvidado e incómodo, un tema ciertamente complejo. Protección significa que las partes débiles del conflicto (no sólo las partes enfrentadas, sino las partes afectadas, o sea, todos los actores locales del conflicto o afectados por el mismo, la población civil, en cuya actuación está la semilla de cualquier reconstrucción) no se vean aplastadas por la situación. Generalmente, no asistimos a conflictos simétricos (con dos partes con igual fuerza), sino conflictos con dos, tres o más partes que se machacan unas a otras, unas con mucho poder, otras con poco, a veces empatadas, pero el caso es que hay una masa enorme de población, de tejido social, que se ve directamente afectada, machacada y sistemáticamente masacrada. Y ese tejido social es el que luego puede trabajar hacia la reconstrucción. Pero los actores armados se lo cargan, porque el tejido social (como las ONGs de derechos humanos o las organizaciones sociales) son percibidas por los actores armados como la oposición a sus intereses, y además es una oposición indefensa. Por ello es fundamental que, como terceros, aportemos un esfuerzo y un compromiso claros en cuanto a la protección de la población civil. Y la protección se debe extender a antes, durante y después de los acuerdos de paz, porque es un momento en que generalmente hay brotes de violencia y reajustes.

Tomemos un caso concreto: las ONGs de derechos humanos son fundamentales en la reconstrucción y en el funcionamiento de cualquier democracia participativa. Pues bien, la protección de estas ONGs implica enfrentarse con el gobierno, la guerrilla, los paramilitares o quien sea que esté atacando a esas ONGs. Esa protección te lleva a hacer un trabajo político, de presión, que conlleva un compromiso con los valores de los derechos humanos y que puede resultar "incómodo" para quienes quieren mantener posiciones tibias. A veces, te lleva a enfrentarte con tu propio gobierno, cuando éste mira para otro lado, o cuando él mismo es el causante de las propias violaciones. En general, la protección te empuja a ponerte del lado de alguien, y entonces se acaba esta especie de burbuja mágica que se construye cuando se dice "yo vengo aquí a reconstruir, y sólo hago casitas." Y no se trata de elegir entre una parte u otra del conflicto, sino de tomar opción por una norma internacional, en este caso; el respecto a los derechos humanos.

Estamos hablando de la intervención de terceros, pero nos toca ahora mirarnos a nosotros mismos, a estos terceros. Pero cuando se habla de terceros, estamos hablando de una parte de la sociedad civil, ya que no pretendo, ni quiero, hablar de las intervenciones militares -las que conocemos se caen por su propio peso, en mi opinión-. Dentro de estos "terceros", creo que es importante enfocar el trabajo de las ONGs, no porque su trabajo sea más importante o brillante, ni mucho menos, sino porque creo que es un trabajo que nos toca de más cerca. Y hablando de ONGs, creo que no tenemos por qué dejar en las manos de otras instituciones los aportes en mediación, mantenimiento de la paz, protección, ni la diplomacia de segunda vía. Como ONGs, podemos hacer todo eso: podemos hacer presión política dentro y fuera del conflicto para proteger al tejido social; podemos hacer diplomacia alternativa (o de segunda vía), ejerciendo presión en las embajadas, en el gobierno o sobre la administración local, de modo que la protección esté siempre en la agenda; podemos hacer una importante y fundamental labor en la rehabilitación del tejido psicosocial, porque no hay que esperar a después del conflicto para tratar los traumas. Hay que hacerlo durante el conflicto, de modo que la gente se apodere de este espacio y lo revierta a su favor, que recupere su capacidad para ejercer el poder que tiene, o debería tener.

En ese sentido, tenemos que dejar claro que la protección no se puede ejercer en todos los escenarios del conflicto. Es posible hacerlo en escenarios en los que hay un consentimiento o una petición que refleje una necesidad del tejido social local. También tiene que haber un consentimiento de las partes en conflicto para que, por lo menos, no te ataquen directamente, aunque te puedan amenazar o presionar, y que consientan tu presencia. Consentirán esa presencia en la medida en que se sea capaz de generar una decisión y un espacio político, de modo que los costes de atacarte a tí o las ONGs con las que trabajas en el país -durante o después del conflicto- sean más altos que los intereses de hacerlo.

Por supuesto, el trabajo de construcción de la paz debe responder a una petición local, porque no tiene ningún sentido la reconstrucción si no se hace desde las necesidades locales y a través del contacto con la gente. No se trata simplemente de dialogar con la gente, sino de trabajar e interactuar con las diferentes capas del tejido social. Así consigues varios objetivos a la vez: primero, dar espacio para que la gente se organice, especialmente después, una vez que te hayas marchado a casa; segundo, conseguir adecuar tu trabajo a las necesidades locales: se trata de utilizar esta interfaz (el tejido social) para superar las diferencias culturales y el desconocimiento por parte de los terceros externos, para tender puentes con la gente. En este sentido, es interesante recordar los planteamientos de Lederach, en relación con la reconstrucción de las relaciones sociales, que presenta como una pirámide social: en la cúspide están las elites gobernantes, en la parte intermedia están lo que corresponde al tejido social, y en la parte baja están lo que son las organizaciones más de base, de desplazados/as, de vecinos/as etc. Normalmente, las negociaciones se establecen entre las elites y los cargos gobernantes, y los otros dos estratos de la pirámide quedan fuera de ese proceso. Para los actores externos es difícil interactuar directamente con el estrato de base, que es la población general, pero es más fácil interactuar con el tejido social del estrato intermedio, a través del cual tenemos el compromiso de llegar con nuestras actuaciones hasta la base.

Tenemos una labor fundamental que hacer en reconstrucción post-conflicto con esa interfaz de estructuras intermedias (ONGs, asociaciones de mujeres, indígenas, estudiantes), que son el tejido que palpita en esas sociedades que están en conflicto. Se va a producir un efecto multiplicador, de modo que las mínimas aportaciones que hace la comunidad internacional, en general, en la reconstrucción post-conflicto tengan sentido y, sobre todo, den espacio a la gente para que la gente resuelva el conflicto. Y esto, al fin y al cabo, es una cuestión de poder: los conflictos son asimétricos y la gente se ve afectada, por lo que tenemos que dar poder a la gente, permitir que ésta recupere el poder social y lo ejerza. Es el viejo esquema de participación, de democracia participativa, de modo que sean las partes enfrentadas y las afectadas las que lleguen a resolver el conflicto. Desde fuera nos corresponde ayudar en la medida en la que podamos y, sobre todo, en la medida en que aprendamos a hacerlo. Y en eso estamos.

Luis Enrique Eguren: Médico, investigador y consultor independiente sobre construcción de la paz, ayuda humanitaria, protección de población afectada por conflictos armados, intervención civil no violenta en conflictos, etc. Es miembro del Comité del Proyecto Colombia de Brigadas Internacionales de Paz (BIP) desde hace 6 años y colabora también con la Oficina Europea de BIP. Para esta organización ha trabajado como observador o en otras funciones en El Salvador, Sri Lanka, Guatemala y Colombia. Además, ha trabajado como médico con Médicos del Mundo y con SODEPAZ en Guatemala y El Salvador.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



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